Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
¿Por qué Querétaro y San Luis Potosí han conseguido un desarrollo económico que Tamaulipas todavía no alcanza?
La pregunta surge inevitablemente al observar cómo esas entidades atrajeron industrias, generaron empleos y transformaron, en relativamente pocos años, parte de su economía, mientras que en Tamaulipas los municipios de la zona centro permanecen en atraso total.
No fue cuestión de suerte. Durante las últimas dos décadas, ambos estados lograron atraer inversiones que cambiaron su perfil productivo. Empresas nacionales y extranjeras encontraron condiciones para instalarse, crecer y contratar trabajadores. Los resultados están a la vista de todos.
Y entonces viene la pregunta incómoda. ¿Por qué Tamaulipas, con una frontera estratégica, puertos, carreteras, recursos naturales y una ubicación que muchos envidiarían, no ha logrado aprovechar plenamente esas ventajas? Algo hemos hecho mal durante demasiado tiempo.
Salvo los municipios fronterizos y los del sur del estado, el resto han permanecido estancados, sobreviviendo a duras penas y con el freno de mano puesto en su crecimiento económico.
La semana pasada conversamos del asunto con dos reconocidos economistas. Aunque cada uno aportó sus propios argumentos, ambos coincidieron en una explicación que merece atención: buena parte del rezago tamaulipeco tiene que ver con la manera de administrar por parte de los gobiernos.
Salvando las diferencias, gobernar exige habilidades semejantes a las necesarias para dirigir una empresa. No basta con ocupar un despacho ni con pronunciar discursos sobre el progreso. Se necesita saber administrar recursos, establecer prioridades, planear a largo plazo y obtener resultados concretos.
El problema es que muchos llegan a los cargos públicos por sus méritos políticos, no por sus conocimientos administrativos. Y cuando tienen la oportunidad de rodearse de especialistas, prefieren entregar responsabilidades a personas que tampoco dominan realmente las tareas encomendadas. Acomodan a los compadres y los amigos y no a los especialistas.
Hay otro error que se repite de administración en administración. Los gobiernos parecen convencidos de que el desarrollo depende exclusivamente del dinero público. Gastan, inauguran obras y anuncian presupuestos, pero pocas veces hacen lo necesario para estimular nuevas inversiones privadas.
Lo cual, obviamente es un error mayúsculo porque, por generoso que parezca, ningún presupuesto alcanza para construir por sí solo toda la prosperidad que necesita un estado. La inversión privada puede multiplicar nuevas oportunidades, abrir empleos y fortalecer cadenas productivas, siempre que encuentre reglas claras y condiciones adecuadas.
Querétaro y San Luis Potosí entendieron esa lección. No se limitaron a esperar recursos federales ni a repartir el presupuesto disponible. Procuraron atraer empresas y facilitar su establecimiento. Sus experiencias merecen estudiarse, sin ignorar los serios problemas que también enfrentan.
Tamaulipas tiene mucho para competir y todavía más para ofrecer. Lo que falta es convertir sus enormes ventajas en proyectos, inversión y empleos. Ojalá nuestros gobernantes comprendan que administrar el dinero no equivale a generar riqueza.
EL RESTO
CONSEJERAS.- En el Ietam está próximo a definirse la designación de dos consejeras electorales, una de las cuales ocupará la silla presidencial que dejará Juan José Ramos Charre.
El problema es que como la designación corresponde hacerla al INE, la renuncia de la presidenta Guadalupe Taddei podría prolongar la decisión.
Mientras eso ocurre, hay quienes promueven como firmes prospectos para las dos consejerías a Ericka Crespo y Patricia Pimentel, ambas exdiputadas, aunque nosotros somos de la idea de que las “afortunadas” serán otras.
Nos dicen que, al menos una de las consejeras podría quedar designada para la siguiente semana.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.




