Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
Las legislaturas mexicanas, estatales y federales, padecen desde hace muchos años una terrible plaga de “chapulines”.
Le hablo, por supuesto, de esos Diputados y Senadores que cambian de partido con una facilidad asombrosa. En el argot político se les conoce como “chapulines”, porque brincan de una bancada a otra.
Los daños de esta calamidad son severos porque tuerce y viola la voluntad popular.
Tan pronto y asumen el cargo se olvidan de que están ahí por el voto de ciudadanos que los eligieron para que fueran sus representantes. En los últimos que piensan son en sus electores.
Lo estamos viendo ahora mismo en la Cámara de Diputados, donde legisladores del Morena brincaron hacia el PT y del PRD hacia el PRI, como parte de una disputa por la presidencia del órgano legislativo.
Pero no es algo nuevo. Esta infestación de “chapulines” es muy vieja, y lo mismo se da en las legislaturas estatales que en las federales.
Aquí mismo , en Tamaulipas, hemos tenido ejemplos de sobra. En la actual legislatura no ha sucedido todavía, pero en las anteriores hay referencias de sobra.
Son políticos que, sin pena alguna, se quitan una camiseta partidista y se ponen otra. Ni siquiera explican sus razones porque seguramente son razones inconfesables, particulares o de grupo.
Pero además, la ley no los obliga a exponer una causa de justificación. Basta con que digan que ya no quieren ser morenistas e irse al PT, o perredistas e irse al PRI, o viceversa, y nadie se los puede impedir.
Ese es el gran problema: que la normatividad electoral y legislativa es sobradamente laxa.
Por eso Diputados y Senadores han hecho lo que han querido durante tantos años.
En lo personal me causa extrañeza que con tantos esfuerzos que se han hecho para modernizar el marco electoral, el “chapulineo” sea una práctica que haya subsistido.
Y es para extrañarse porque, como le decía al inicio, es una calamidad que hace mucho daño, sobre todo al violentar la decisión de los electores.
Peor aún, es una plaga que cada día aumenta más, como lo hemos venido viendo durante las últimas semanas en el ámbito federal.
Ojalá y que pronto llegue una reforma que ponga fin a esa costumbre inmoral. Es urgente una ley antitransfuga que le garantice un mínimo respeto a la voluntad popular. Se requiere de un antídoto efectivo contra los “chapulines”.
EL RESTO.
ARNULFO NO SABE.- ¿Va a buscar nuevamente la dirigencia de la sección 30 del SNTE?, le pregunté ayer al profesor, Arnulfo Rodríguez Treviño.
Su respuesta fue reiterativa: “lo voy a valorar cuando superemos esta pandemia. La prioridad ahorita es cuidar la integridad de los maestros y alumnos. Todos debemos cuidarnos mucho”.
Fue una larga platica por teléfono. Rodríguez vive en Nuevo Laredo, donde está refugiado, protegiéndose del covid-19.
Insiste en que no sabe todavía cuál será su decisión: “cuando lo decida lo voy a hacer publico”.
Más allá de lo que decida, Arnulfo tiene un amplio capital político. Su simpatía y cariño entre los maestros tamaulipecos es innegable. Fue durante su periodo cuando el magisterio logró grandes conquistas.
Eso es algo que trae demasiado intranquilos a muchos en el SNTE, sobre todo a quienes se sienten con méritos y posibilidades para disputar la silla de Rigoberto Guevara Vázquez.
ASI ANDAN LAS COSAS.




