Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
La Sexagésima Tercera Legislatura del Congreso del Estado inició el último año de su ejercicio. Su mandato lo concluirá el próximo 30 de septiembre aunque dejará de sesionar en el Pleno el 30 de junio.
De esa manera, los legisladores tienen frente a sí una última oportunidad de reivindicarse frente a quienes les dieron su voto para que los representaran en la máxima tribuna parlamentaria del Estado.
Aunque ya transcurrieron dos años de la legislatura y muchos de los diputados y diputados han hecho un trabajo muy pobre como tales, tienen todavía dos periodos ordinarios de sesiones para revertir esa ineficacia que los ha caracterizado.
Esperemos, por ejemplo, que entiendan de una vez por todas lo inútil que resulta proponer los llamados exhortos a las instancias de Gobierno.
Todas las legislaturas han recurrido a esa práctica de repartir exhortos “a diestra y siniestra”, pero la actual definitivamente ha caído en el abuso de esa figura.
Con 24 meses en el cargo, los diputados deberían haber entendido y comprendido que un exhorto al Gobierno , sea federal, estatal o municipal, es un grito en el desierto, porque nadie lo escucha.
Es decir, no hay ninguna consecuencia o beneficio social por el hecho de que el Congreso local haga un llamado o extrañamiento a las instancias de la administración pública.
Sin embargo, darle tramite a una iniciativa con punto de acuerdo implica el misma gasto económico y en recursos humanos que cualquier otra iniciativa de decreto.
Eso significa que mucho dinero que proviene de nuestros impuestos ciudadanos, se está yendo literalmente al cesto de basura.
Se trata de una situación en la que hemos venido insistiendo aquí pero pareciera que a los diputados les vale un “cacahuate” el tema. Como no es dinero suyo el que se gastan no les importa el hecho.
Créame que a muchos nos provoca risa, la emoción y el orgullo con que algunos legisladores festejan el hecho de que el Pleno les apruebe una iniciativa de punto de acuerdo para exhortar a alguna dependencia.
Lo festejan tan ruidosamente que con ello evidencian más su desconocimiento de su tarea como diputados. Queda claro que no entienden que su exhorto terminará en el cesto de la basura.
Hay situaciones en que se justifica un exhorto. Por ejemplo, se vale hacer uso de esa figura cuando hay que recriminar o protestar por alguna deficiencia gubernamental que afecte a la sociedad, pero no es posible estar aprobando exhortos para toda ocurrencia.
Por otra parte, ojala y que los diputados también hagan a un lado sus colores o filias partidistas y antepongan siempre el interés ciudadano.
Lo digo porque con frecuencia se dan situaciones en que una iniciativa puede mejorarse, pero sus promoventes se empecinan en no modificarla por el solo hecho de que quien propone la adecuación es diputado de un partido diferente.
Es tiempo de que trabajo legislativo centre como prioridad el bienestar ciudadano y se libre de revanchismos o caprichos partidistas.
ASI ANDAN LAS COSAS.




