Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
El discurso oficial que nos pinta un sistema de justicia federal como lo máximo que tiene éste país está muy alejado de la realidad. No se acerca ni tantito al verdadero rostro que tienen hoy en día los Juzgados de Distrito, los Tribunales Unitarios y Colegiados, y hasta la misma Suprema Corte de Justicia de la Nación, (SCJN).
A través de una excelente pero engañosa estrategia mediática, que incluye publicidad en radio, televisión y medios impresos, se nos ha venido diciendo por años que la justicia federal es de lo máximo que tenemos en ésta nación.
Sin embargo, en la práctica no hay tal. Quienes por alguna razón, profesional o personal, hemos tenido que recorrer los vericuetos de los tribunales federales, sabemos que todo es una mentira. El sistema de justicia federal bien debería llamarse el sistema de la injusticia federal.
Hasta hace pocos años, el Poder Judicial Federal era un referente para evidenciar los vicios y atrasos que padecían las judicaturas locales, pero hoy, tristemente las cosas se han invertido. Hoy los Poderes Judiciales estatales son el ejemplo a seguir.
La lentitud con que se resuelven los procesos federales propicia que personas que deberían estar en libertad tengan que permanecer recluidas durante meses , e incluso años, tan solo porque los tribunales están rebasados en capacidad para emitir sus sentencias con prontitud.
Una simple apelación de la que depende la libertad de un reo tarda en resolverse de tres a seis meses, lo que provoca que en caso de que la resolución sea favorable al acusado se le ocasione un agravio porque no hay forma de devolverle esos días en cautiverio.
Usted puede imaginarse entonces el tiempo que se lleva el dictado de una sentencia firme. Si resolver una apelación requiere de meses, ¿para cuánto le gusta que se necesite en tiempo obtener una sentencia definitiva?. Exactamente, ¡¡¡años¡¡¡.
Un Magistrado , de los pocos que han construido un prestigio profesional intachable en el Poder Judicial Federal, suele contar en sus conferencias una anécdota: Explica que en cierta ocasión llego a su oficina un abogado, llevando un enorme y suculento pastel que colocó en su escritorio.
“Hombre, muchas gracias, no sabía que cumplía años” le dijo en broma al litigante , quien con voz tranquila y pausada le respondió: “no, no es para ti, ¡es para celebrar los xv años de mi expediente!”.
El Juzgador utiliza la historia, que asegura es verídica, para admitir que, efectivamente, la justicia federal atraviesa por una crisis severa traducida en lentitud y saturación de los tribunales en general, que lleva a que la resolución de los juicios se prolonguen por más tiempo del que establece la ley.
Vaya, incluso para resolver una situación jurídica, que es la etapa procesal donde se define si un acusado es o no sometido a proceso, está tardando hasta semanas enteras haciendo añicos, con acuerdos internos, esa disposición constitucional que impone un límite de 72 horas al Juzgador.
Esa es, le insisto, la triste realidad de un sistema de justicia federal que ha perdido por completo aquella fama de eficiencia y orgullo nacional. De eso no queda nada.
Hay quienes tratan de minimizar la situación bajo el argumento de que estamos próximos a migrar a un nuevo modelo de justicia penal, a través de juicios orales, pero la pregunta es : ¿Será realmente la solución?.
ASI ANDAN LAS COSAS.



