Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
La dificultad para reclutar policías ha sido el “coco” de entidades como Tamaulipas. Son muy pocos los que quieren arriesgar la vida para enrolarse en las corporaciones de seguridad pública y una gran mayoría de los que si se atreven no aprueban los exámenes de control y confianza.
No es algo nuevo, pero hasta hace algunas semanas era una situación que podía tolerarse sin que nada sucediera porque al final de cuentas se tenía la presencia de tres mil soldados patrullando las calles del estado.
Sin embargo, ahora en que la federación le sacó el hombro a Tamaulipas al retirarle el apoyo militar, y frente a las condiciones de extrema violencia que azotan a las principales ciudades del estado, queda claro que el Gobierno local tendrá que darse prisa para abatir el déficit de elementos policiales.
No son momentos para seguir con la misma estrategia de llenar a “cuenta gotas” la infinidad de espacios disponibles en las policías, tanto en la que depende de la Secretaría de Seguridad Pública como la de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE).
Dicho de otra forma, es urgente meter el acelerador a fondo en el reclutamiento policial porque definitivamente tendrá que ser la autoridad local, con su propia policía, la que haga frente al embate del crimen organizado.
¿Cómo hacerle? Es una respuesta que deberán encontrar los responsables del área de Seguridad Pública y procuración de justicia.
Sin embargo, el sentido común indica que una alternativa sería indagar cómo le han hecho otras entidades para resolver el problema.
Un buen referente sería Nuevo León. Por ejemplo, en el caso de su policía ministerial, el Gobierno vecino optó por reducir el requisito de licenciatura para ingresar a la corporación. En vez de ello bajo la exigencia a los aspirantes abriéndole la puerta a los estudiantes de bachillerato o preparatoria.
Solamente les impuso una condición: una vez dentro de la corporación, estarían obligados a cursar una licenciatura como única forma para mantener el nombramiento de policía.
La estrategia funcionó: se triplicó el número de aspirantes y a la vuelta de pocos años el déficit de policías quedó abatido.
Otra ventaja de abrirle la puerta a los preparatorianos fue que la gran mayoría de ellos eran jóvenes sanos en su conducta. Acababan de salir de la adolescencia y todavía no se contaminaban con las debilidades de una sociedad que cada vez pierde más sus valores.
Esa sería una buena alternativa también para Tamaulipas.
Pero cualquiera que sea la decisión el Gobierno local debe darse prisa. No podemos, como estado, continuar con una policía diezmada cuando la inseguridad pública alcanza niveles intolerables.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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