Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
¿Debemos aplaudirle al Gobierno federal por la recaptura del llamado “capo” mafioso más buscado del mundo, Joaquín, “El Chapo”, Guzmán Loera? La verdad, no veo porque.
Es cierto, la detención, por tercera ocasión, del narcotraficante está llena de espectacularidad y sin duda llega en momentos más que oportunos para el Gobierno de Enrique Peña Nieto, por la devaluación de su imagen tanto en el ámbito nacional como internacional.
Pero, más allá de esa espectacularidad no hay nada que festejarle al Gobierno. Tampoco hay porque agradecerle.
En realidad lo único que hizo la administración peñista fue cumplir con una responsabilidad y obligación, que si acaso le permitirá lavar un poco ese desprestigio que le acarreo la segunda fuga del narco allá en junio del 2015.
Y si, los funcionarios federales están en todo su derecho de hacer fiesta por la captura de “El Chapo”. Seguramente todos ellos están viendo el hecho como fuente generadora de réditos políticos. Incluso habrá algunos que se sientan “catapultados” a la lista de aspirantes a suceder a Peña Nieto en el 2018.
Pero en lo que respecta a los mexicanos comunes y corrientes, no creo sinceramente que debamos festejarle nada al Gobierno.
Porque, seamos realistas: ¿Abona en algo la detención de “El Chapo” a reducir la violencia delincuencial en el país? No se usted que piense pero en lo personal creo que eso está muy lejos de ser una verdad.
Le diré lo que va a suceder: el escándalo mediático por la captura del “capo” se apagara en menos de 30 días. Después de un mes la noticia quedará reducirá a la nada y Guzmán Loera no pasara de ser un referente más de la corrupción que padece éste país.
En cambio, la oleada delincuencial nos seguirá golpeando con la misma fuerza con que nos ha venido pegando desde el 2010 . Es más, en un descuido y hasta esa violencia delictiva se agrava como reacción a la detención de “El Chapo”.
Creo que habrá razón para festejar y aplaudirle al Gobierno cuando los ciudadanos comencemos a sentirnos seguros en las calles o cuando veamos que hay menos homicidios, secuestros y extorsiones. Cuando podamos viajar por las carreteras sin tener que ir con el rosario en las manos.
Mientras eso no ocurra no hay porque hacer fiesta.
EL RESTO.
Si el nivel de peligrosidad y el poderío económico de “El Chapo” Guzmán es tan grande como lo refiere el Gobierno federal, el sentido común indicaría la necesidad de fortalecer la seguridad de los funcionarios de primer nivel, sobre todos de aquellos relacionados con el tema de la seguridad pública.
Más valdría tomar previsiones para no estar cayendo en lamentaciones tardías.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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