Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
Entre el Estado y los 43 Ayuntamientos cada año se ejercen en Tamaulipas alrededor de 50 mil millones de pesos. Son recursos destinados a la ejecución de las políticas públicas que tienen que ver con temas como obra pública, prevención y seguridad pública, justicia y diversos programas sociales , entre varios más.
Es, como se puede ver, un mundo de dinero
. Son miles y miles de millones de pesos que sirven para permitir la sobrevivencia de los tamaulipecos como sociedad.
Le cuento de ello por una sencilla razón: porque es increíble que a pesar de ese “titipuchal” de dinero público, los órganos fiscalizadores nos salgan cada año con el cuento chino de que “todo se aplicó honestamente”.
¿Usted cree eso? Lo entiendo porque tampoco yo lo creo. Lo que sí creo es que, o la Auditoría Superior del Estado carece de capacidad para detectar a quienes se enriquecen al amparo del presupuesto público, o de plano que quienes lo hacen son bastante hábiles para no dejar huella.
Si todo fuera como dice el órgano fiscalizador, de que los recursos públicos se aplican a la perfección, significaría que estamos en el paraíso de la honestidad. Significaría que aquí no hay corrupción. Lo cual es absurdo.
Por todo ello son importantes una serie de reformas a diversas leyes en materia de fiscalización, disciplina financiera, que serán llevadas ante el Pleno Legislativo la próxima semana o que ya fueron aprobadas.
Se trata de acciones legislativas que buscan, precisamente, hacer más riguroso ese proceso de fiscalización del gasto público. Qué bueno que así vaya a ser. Es algo que la sociedad ha venido reclamando desde hace muchos años.
Sobre todo en los municipios, los ciudadanos no pueden entender que cada tres años, al término de las administraciones municipales, nazca una nueva camada de millonarios que cuando llegó al cargo lo hicieron con una mano atrás y una adelante.
Ya sabemos y lo hemos dicho aquí reiteradamente, que una cosa es la ley y otra la realidad, por lo que en ese sentido le pido hagamos votos para que todas esas reformas que se “cocinan” en el Congreso local, realmente tengan efectos o resultados prácticos.
¿Cómo? Haciendo una real y efectiva fiscalización de cada peso del erario público. Ya es tiempo de mandar al baúl de los recuerdos ese “cuento chino” que nos lee cada año la Auditoría Superior del Estado, cuyo mensaje central es de que “no hay irregularidades en las cuentas públicas de las instancias de Gobierno”.
EL RESTO.
La inundación que causó en el sur del estado la tormenta registrada el pasado martes, debería tener preocupadas a las autoridades municipales y estatales.
Si un fenómeno que para nada era de las magnitudes de un ciclón fue capaz de “tragarse” prácticamente amplios sectores de Madero y Tampico, ya nos podremos imaginar los riesgos que representará un huracán.
Por esa razón, esperemos que los Gobiernos de ambos niveles se apuren a diseñar una estrategia que garantice la seguridad de la población.
ASI ANDAN LAS COSAS.




