«Por ejemplo, acudir a una negociación comercial puede ser compatible con una B-1, mientras que incorporarse a las operaciones cotidianas de una empresa estadounidense, prestar servicios o recibir un salario de una fuente estadounidense puede requerir otra categoría migratoria. El Departamento de Estado señala que quienes pretendan trabajar temporalmente deben cumplir con los requisitos de la visa correspondiente a su actividad», manifestó.
«Antes podías llegar ay abrir una cuenta en un banco con tu pasaporte; hoy eso es prácticamente imposible», señaló.
A su juicio, también era más común que algunos inversionistas comenzaran a operar gradualmente, abrieran empresas o realizaran actividades comerciales sin revisar con suficiente precisión si su estatus migratorio correspondía con esas operaciones.
El directivo aclaró que el cambio no puede atribuirse únicamente a la administración estadounidense actual. Se trata, dijo, de una evolución de los controles financieros y migratorios a escala global, impulsada por las reglas de prevención de lavado de dinero y por una mayor vigilancia sobre el origen y destino de los capitales.
Sin embargo, reconoció que hoy existe un escrutinio mucho mayor: bancos y autoridades revisan si una persona realmente reside en Estados Unidos, si desarrolla actividades permitidas y si el tipo de visa coincide con la operación para la que fue utilizada.
«Ya no es tan fácil irse colando de a poquito a Estados Unidos«, resumió.
Por ello, recomendó a los inversionistas construir estructuras financieras, fiscales, legales y migratorias más sólidas, en lugar de depender de prácticas informales que antes podían pasar inadvertidas.




