Por Rogelio Rodríguez Mendoza/Noticentro.mx
Vivir a orillas del río San Felipe se ha convertido en una auténtica pesadilla para decenas de familias de Güémez, que ya no soportan los fétidos olores de las aguas negras y amenazan con cerrar este sábado la carretera Victoria-Matamoros para exigir una solución urgente.
La pestilencia invade los hogares de la cabecera municipal, donde los habitantes aseguran que resulta prácticamente imposible escapar del hedor que desprenden las aguas residuales, presuntamente provenientes del sistema de drenaje de Ciudad Victoria.
“Esto es insoportable. La pestilencia no se tolera. Ya hay muchas personas que están padeciendo dolores estomacales y de cabeza, además de ardor de ojos”, denunció uno de los afectados a Noticentro.mx.
El problema golpea principalmente a las familias que habitan junto al río, que atraviesa el centro de la población y cuyas aguas oscuras y malolientes se han convertido en motivo de desesperación para los vecinos.
“Yo vivo con mi familia en la orilla del río, por lo que soy de los más afectados. Ya no hallamos qué hacer”, relató uno de los residentes, cansado de soportar diariamente la pestilencia.
La indignación ha llegado al extremo de que los habitantes están dispuestos a bloquear la carretera Victoria-Matamoros, una de las principales vías de comunicación de la región, para obligar a las autoridades a atender sus reclamos.
Para ello, convocaron a una concentración este sábado 24 de octubre, a partir de las nueve de la mañana, en el acceso principal de Güémez, donde expondrán públicamente el problema y decidirán si llevan a cabo el bloqueo carretero.
“Hay personas que están pensando incluso cerrar la carretera Victoria-Matamoros, pero es una decisión que se va a tomar ahí mismo”, explicó uno de los vecinos.
Los afectados exigen frenar las descargas de aguas negras al río y consideran necesaria la construcción de una planta tratadora que evite que los desechos continúen llegando al afluente.
De acuerdo con los testimonios, la contaminación tiene varios años, pero anteriormente era tolerable porque supuestamente las aguas recibían un tratamiento con cloro mediante filtros instalados por la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Victoria.
Ahora sospechan que esos mecanismos dejaron de funcionar, aunque ninguna autoridad les ha explicado por qué los olores se han intensificado hasta volverse insoportables.
Incluso, entre los vecinos circula la versión de que algunas descargas podrían provenir de una empresa procesadora de jugos, cuyos residuos contendrían sustancias químicas, aunque esa posibilidad tampoco ha sido confirmada.
Mientras se esclarece el origen del problema, las familias aseguran que continuarán padeciendo la pestilencia y los malestares que atribuyen a la contaminación del río, por lo que advierten que su paciencia está llegando al límite.




