Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.
Cuando uno ve el desastre que padecen muchos hospitales públicos, no puede dejar de preguntarse: ¿en verdad le costará tanto al gobierno invertir en ellos para ofrecer, cuando menos, un servicio de salud digno?
Porque aunque así parezca, el problema más grave no es necesariamente el desabasto de medicamentos.
No. Hay problemas todavía más serios que mantienen a muchos nosocomios prácticamente inoperantes.
Para empezar, los edificios que albergan a los hospitales están en condiciones de pena, pero también de mucho riesgo. Se llueven, tienen instalaciones deterioradas y sus sistemas de aire acondicionado funcionan mal o simplemente no sirven.
En verano, algunas áreas son auténticos hornos. Además, hay espacios sucios y malolientes, lo que, paradójicamente, representa un riesgo adicional para la salud de quienes acuden precisamente con la esperanza de recuperarla.
Y hay más. Los quirófanos funcionan a medias. En el Hospital General de Ciudad Victoria, por ejemplo, buena parte de los equipos de laboratorio presenta fallas que dificultan la realización de estudios médicos.
A algunos pacientes incluso les piden tomar fotografías con el celular a sus radiografías porque no tienen material para entregárselas físicamente. Aunque parezca una broma de mal gusto, así se las ingenian para sortear las carencias.
Pero déjeme decirle algo que seguramente le sorprenderá y hasta le provocará risa: con todas esas deficiencias, el Hospital General todavía figura entre los más “decentes”. El Hospital Civil de Ciudad Victoria, por ejemplo, es otra historia.
Recorrer sus instalaciones da miedo. La suciedad y el deterioro resultan inocultables en distintos rincones. Ser paciente allí representa todo un reto, porque al sufrimiento de la enfermedad se suman las condiciones del inmueble.
Y por las mismas andan los hospitales y clínicas del IMSS e ISSSTE.
El punto es que, ante semejante panorama, uno no puede evitar preguntarse: ¿por qué le regatean a la salud? ¿Realmente cuesta tanto rehabilitar instalaciones, reparar equipos y garantizar condiciones dignas para pacientes y trabajadores?
¿Por qué, en lugar de gastar miles de millones de pesos en obras faraónicas, como el Tren Maya, o en festivales, despensas, tinacos y otros beneficios, no se prioriza la inversión en los hospitales públicos?
Porque, sinceramente, no creo que se requiera una inversión descomunal para rehabilitarlos y equiparlos. Incluso mejorar las prestaciones del personal debería ser financieramente posible si se revisaran prioridades y se redujeran otros gastos menos urgentes.
Me da la impresión de que los tres órdenes de gobierno no dimensionan el respaldo social que ganarían priorizando la salud. Hasta electoralmente les rendiría más que muchas obras. Ojalá pronto lo entiendan. Por el bien de todos. Por el bien del país.
EL RESTO.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.




