Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
Tamaulipas acumula 142 nuevos casos de VIH hasta la semana 23 del año, correspondiente del 2 al 8 de junio, según datos del Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud federal. Aunque el virus ha dejado de ser mortal gracias a los tratamientos antirretrovirales, sigue representando un riesgo importante para la salud pública.
Las cifras oficiales señalan que, en los últimos años, en el estado se han detectado más de 4 mil casos acumulados, mientras que al corte más reciente, poco más de 3 mil 800 personas se encuentran en tratamiento. Esto refleja una cobertura significativa, aunque aún con retos pendientes para garantizar atención integral y oportuna.
Los pacientes son atendidos principalmente en los Centros Ambulatorios para la Prevención y Atención del SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS), así como en dos hospitales regionales. No obstante, las autoridades no detallaron cuántas unidades están en operación ni su capacidad instalada.
Pese a los esfuerzos institucionales, las autoridades de salud reconocen que existe un subregistro de casos, aunque no proporcionaron cifras concretas. Esta omisión impide dimensionar con precisión el problema ni delimitar con claridad las zonas de mayor incidencia.
A nivel nacional, la tendencia general ha sido a la baja en cuanto a nuevas infecciones; sin embargo, persisten retos en materia de prevención, acceso a tratamiento oportuno y atención a sectores vulnerables, que siguen siendo los más afectados.
Expertos en salud pública subrayan la importancia de contar con información confiable para diseñar políticas públicas eficaces y focalizadas. También destacan la necesidad de garantizar el acceso equitativo a los servicios médicos, sin distinciones ni barreras sociales.
Reducir el estigma social en torno al VIH sigue siendo uno de los mayores desafíos, ya que muchas personas evitan buscar atención médica o abandonar sus tratamientos por miedo a la discriminación.
Tanto autoridades sanitarias como organizaciones civiles coinciden en que se debe fortalecer la investigación científica para desarrollar nuevos métodos de prevención, así como tratamientos más efectivos y accesibles.
Además, consideran prioritario ampliar las campañas de información y detección oportuna, sobre todo entre la población joven y en comunidades marginadas, donde el acceso a la salud es más limitado.




