Érase una vez, que productores de cine decidieron relanzar a superhéroes de cómics en la gran pantalla. Comprobaron que dicho universo era potable, así que hicieron películas, tanto de grupo, como individuales. Las salas repletas, los bolsillos llenos: público y productores contentos.
Veamos si es el caso de Aquaman y el Reino Perdido.
Arthur Curry (Jason Momoa), mejor conocido como Aquaman, ahora está casado y tiene un hijo. Además, es Rey de Atlantis. Pero la tranquilidad no durará mucho: Black Manta (Yahya Abdul-Mateen II) quiere vengar la muerte de su padre. Para ello, ha conseguido un tridente creado con magia negra. El mundo entero corre peligro.
Cinco años han pasado y, en esta nueva entrega de Aquaman, todo se ha extrapolado: más batallas, más destrucciones, sumergidas en toneladas de efectos especiales.
La historia sigue la misma trayectoria que otras tantas de superhéroes: hay una nueva amenaza en el mundo, un villano quiere hacerse de una oscura fuerza ancestral y hay paladines que darán batalla. Lo de siempre.
Quizá lo diferente, es que el colega en armas del superhéroe, no es un simple compañero: es su hermano de sangre (el rey Orm), con quien mantiene una fuerte rivalidad. Todo ello da lugar a la clásica competitividad fraternal y surgen algunos buenos chistes. Algunos.
Parte del morbo aquí, es ver a Amber Heard después del escándalo con Johnny Depp; pero su participación como Mera se percibe trozada. Un personaje principal que ahora está en la periferia.
Así que, fuera del carisma del protagónico, toda la cinta sabe a recalentado. Incluso los ¿homenajes? a Duna y La Guerra de las Galaxias (con todo y gusanos de arena y un Jabba el Hutt acuático) están manoseados.
¿Conclusión?
Las películas de superhéroes han sido increíblemente redituables. Pero ya las historias no dan para más. Esta cinta se deja ver sólo si no tienen nada mejor que hacer.
AQUAMAN Y EL REINO PERDIDO
Dos estrellas
Dirige: James Wan
Actúan: Jason Momoa, Patrick Wilson, Yahya Abdul-Mateen II




