Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
La elección del uno de julio quedó atrás. Ya es historia, y de la buena porque nunca como antes la ciudadanía se había volcado a votar de la forma tan nutrida en que lo hizo.
Morena fue un auténtico tsunami electoral porque arrasó prácticamente con todo. A nivel nacional se quedó con la Presidencia de la República y con la mayoría de los asientos en la Cámara de Diputados y en la de Senadores.
De hecho, no hay antecedente de que un candidato haya ganado la Presidencia de la República con un 53 por ciento de los votos como lo hizo Andrés Manuel López Obrador. Y eso, desde luego, es un gran logro.
También en los estados el tsunami moreno se logró sentir. Tamaulipas no fue la excepción porque se alzó con la victoria en seis de las nueve diputaciones federales que estaban en juego, y desde luego se quedó con las dos Senadurías.
Pero, como le decía ayer aquí mismo, hay otros dos aspectos que merecen destacarse.
Uno de ellos fue que la afluencia en las urnas resultó ejemplar. Las cifras del árbitro electoral dicen que votó poco más del 62 por ciento de los electores con credencial de votar, lo cual significa que el eterno ganador en las elecciones, el abstencionismo, por fin fue derrotado.
El otro logro fue la ausencia de brotes de violencia durante el día de la elección. En municipios de Tamaulipas como Nuevo Laredo y Reynosa había un temor latente entre autoridades y la sociedad misma, de que los malos quisieran reventar el proceso, pero afortunadamente no sucedió.
Bajo esas circunstancias, podemos concluir que la elección del uno de julio fue ejemplar por cualquier lado que se le vea.
Desde luego que eso me da gusto porque confirma lo que he venido reiterando en anteriores colaboraciones: el enorme grado de madurez democrática que ha alcanzado la sociedad.
Eso desde luego es indicativo de que los mexicanos se han dado cuenta de que tienen el poder de decidir el futuro del país. Ya se convencieron de que una elección es en serio y que los resultados se respetan.
Quedaron atrás aquellos tiempos del cacicazgo priista, en donde mucho antes de una jornada electoral ya se sabía quién iba ganar, lo cual desalentaba a los electores, y con justa razón porque el razonamiento obligado era : “¿para qué voto si ya sabemos quién va a ganar?” .
Hoy las cosas son diferentes. Se prevé quien pueda ser el ganador pero eso no quiere decir de ninguna manera que haya certeza en ello.
En razón de ello me parece que quien ganó realmente la elección fue la sociedad misma. Es verdad que Andrés Manuel y compañía arrasaron con los votos, pero lo verdaderamente importante es que los ciudadanos descubrimos que quien manda en el país somos nosotros.
Ojalá y que eso lo entiendan todos aquellos que ganaron el uno de julio, porque de lo contrario la sociedad les cobrara la factura en la siguiente oportunidad que tengan en las urnas.
Por lo pronto, Andrés Manuel ya dijo que no nos va a fallar. Ojala y así sea. Es mucha la esperanza que millones de mexicanos tienen en él que el castigo en caso contrario será muy severo.
EL RESTO.
Al Partido Revolucionario Institucional, (PRI), le fue mal en todo el país, pero en Tamaulipas prácticamente quedó en la lona.
En la elección federal no gano ni la Presidencia de la República, ni una sola diputación y ni una Senaduría, mientras que en lo local, apenas ganó seis de los 43 Ayuntamientos en disputa.
Pero hay algo peor: esas seis victorias fueron en los municipios más pequeños: Miguel Alemán, Abasolo, San Carlos, San Nicolás Bustamante y Guerrero. Literalmente , el priismo quedó borrado del mapa tamaulipeco.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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