Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Iniciamos el recorrido de un Nuevo Año y desde luego siempre es saludable y motivador arrancarlo con una lista de buenos deseos y propósitos.
No me refiero a intenciones o retos en lo individual. Sería injusto abrumarlo y fastidiarlo con cuestiones personales. En realidad lo que pretendo es, reseñarle aquí lo que, a mi parecer, son los grandes desafíos y metas que debemos tener como sociedad para este 2018.
Sin duda, el principal propósito que debemos colocar en la agenda 2018 será el de dar, por fin, el gran salto para convertirnos en una sociedad auténticamente democrática y con una gran madurez para, en lo federal, elegir a nuestro mejor Presidente de la República y a los mejores hombres que integren el Congreso de la Unión, y en lo local, a los perfiles idóneos para gobernar los municipios tamaulipecos.
Ese es un reto que tenemos pendiente de superar desde hace muchos años. Efectivamente, hemos avanzado y madurado como colectividad en el terreno electoral pero, la verdad, todavía nos falta mucho.
Cada 3 o 6 años nos seguimos dejando manipular y engañar por los políticos y la consecuencia de ello ha sido un país invadido por la violencia delincuencial y con enormes rezagos en educación y empleo, producto de pésimos gobiernos.
Este año tendremos una enésima oportunidad de brincar esa línea que nos divide entre una sociedad de primera y una sociedad timorata, convenenciera y vulnerable.
Por eso le digo que ese propósito debe estar a la cabeza del listado social para este Año Nuevo. Vayamos por primera vez a las urnas para votar por el que creamos mejor y no por el que más bonito nos hable.
Que nuestra meta principal sea elegir al mejor Presidente de México y a los mejores legisladores y alcaldes.
Otro propósito social que debe estar en el listado 2018 es el del combate a la corrupción. Durante muchísimos años nos la hemos pasado criticando la deshonestidad de nuestros gobernantes, pero poco o nada hemos hecho en lo personal para ser ciudadanos más honestos.
Si cada quien en su esfera individual se esfuerza por respetar las leyes y no hacer trampa, seguramente estaremos contribuyendo para transformar nuestra sociedad, y con ello pondremos indirectamente un freno a quienes siguen viendo la función pública como un atajo para asegurar el futuro económico propio y de los suyos.
Hay quienes argumentan o alegan que la corrupción es una cuestión cultural, y que por lo tanto es imposible de erradicar, pero no estoy de acuerdo en eso. Creo que la corrupción es una decisión individual y por lo tanto es factible de evitar.
Un tercer propósito de Año Nuevo, debe de ser el de asumirnos como mejores personas como parte de una comunidad. Si cada quien hace suyo ese reto sumaremos muchas buenas intenciones lo cual inevitablemente repercutirá en la construcción de una mejor sociedad.
Seamos más amables, respetuosos y tolerantes con nuestros familiares, vecinos o con cualquier otra persona con la que interactuemos, y le aseguro que a la vuelta de pocos años estaremos dejando atrás todos esos problemas que nos ahogan y que amenazan con destruirnos como colectividad.
¿Usted qué dice? ¿Le entra?.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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