Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Este miércoles, cuando el Gobernador, Egidio Torre Cantú, cruzó la puerta principal del edificio que alberga al Poder Legislativo, lo primero que debió percibir fue la ausencia del tumulto que acostumbraba a recibirlo en los anteriores cinco años de su mandato.
Ahora, ni siquiera los diputados salieron a encontrarlo al estacionamiento. El mandatario tuvo que esperar al menos tres minutos a que el presidente de la Junta de Coordinación Política, Ramiro Ramos Salinas, llegara a conducirlo hasta el salón parlamentario.
Eran exactamente las 11 horas y el Gobernador llegó acompañado de su esposa, Pilar González, y sus hijos, para entregar a los diputados su sexto y último informe de labores. Mientras esperaba a la Comisión de legisladores encargada de llevarlo al recinto parlamentario, se puso a bromear con su jefe de comunicación, Guillermo Martínez.
La escena reflejaba la pérdida del poder político por parte de un Gobernador saliente. A nueve días de entregar el cargo, Torre Cantú comenzó a sentir que a muchos ya no le interesa quedar bien con él.
De hecho, la frialdad del evento comenzó a notarse desde muy temprano. Eran las 10:30 horas y los invitados apenas iban llegando cuando en otros años a esa hora ya no cabía nadie.
Además, esta vez no hubo grandes personalidades atestiguando el acto protocolario. Hasta al PRI nacional se le olvidó enviar a su representante.
Para llenar esas ausencias y evitar sillas vacías, se instruyó a algunos Secretarios a enviar a sus directores de área.
En su recorrido al recinto legislativo, el Gobernador recobró el ánimo cuando recibió una fuerte palmada por la espalda. El autor del golpe era su antecesor en la gubernatura, Eugenio Hernández Flores, quien mantiene su look juvenil.
Torre Cantú le devolvió una sonrisa y un saludo pero siguió caminando. Metros adelante tuvo que hacer otro alto para saludar también al Senador Manuel Cavazos Lerma. El intercambio solo alcanzo para un monosílabo.
Ya en la tribuna legislativa, luego de entregar el documento que contiene el informe de su último año de ejercicio al priista, Ricardo Rodríguez Martínez, el mandatario leyó un mensaje de 41 minutos.
En el minuto 37 la voz se le quebró. “Parece que va a llorar”, dijo alguien en la sala de prensa. Torre reprimió las lágrimas.
“Lo digo una vez más y que quede para siempre: el valor supremo de Tamaulipas es su gente, y mi mayor privilegio es haber podido servirles” señaló.
En el mensaje también le dedico unas líneas a su sucesor a partir del uno de octubre, el panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca.
“Por mandato de los tamaulipecos la alternancia es una realidad que forma parte de nuestra vida democrática. Le deseo al Gobernador electo, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, el mayor éxito. Le deseo que le vaya muy bien, y por supuesto que le vaya muy bien a Tamaulipas” refirió.
Sin embargo, Cabeza de Vaca no estaba entre los presentes. El mandatario electo prefirió enviar a Gerardo Peña, como su representante.
A las 12:15 horas, Torre Cantú, subió a su camioneta para retirarse como llegó: en un ambiente de mucha frialdad.
La frialdad que provoca la pérdida del poder.
De cualquier forma, tiene asegurado un lugar en la historia de Tamaulipas: será recordado como el que entregó la gubernatura al PAN luego de 86 años de dominio priista.
ASI ANDAN LAS COSAS.


