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Los maestros “espurios”

MENENDEZPor Jorge Fernández Menéndez.

“Espurios y traidores”. Así calificó Rubén Núñez, el todavía líder de la sección 22 de la CNTE, a poco más del 60% de los maestros del estado de Oaxaca que participaron este fin de semana en la evaluación magisterial. Del tamaño de esos adjetivos es la derrota de Núñez y de la 22 en la lucha por impedir la implementación de la Reforma Educativa. Un líder que califica de “espurios y traidores” a más del 60% de lo que, se supone, es su base, simplemente certifica que ya la perdió.

Lo ocurrido el sábado en Oaxaca confirma la derrota política de la Sección 22 y, por ende, de la Coordindadora, desde que los gobiernos local y federal decidieron retomar el control del Instituto Estatal de Educación Pública del estado (IEEPO). Desde allí, controlando salarios, plazas, ascensos, bonos, la Sección 22 se había adueñado de la educación pública en el estado; había logrado colocar a Oaxaca en la última posición, en todos los sentidos, en calidad educativa en el país; provocaron, además, que los niños de esa entidad fueran los que menos días de clases tuvieran en el año. No conformes, también utilizaron recursos públicos, destinados a la educación, para sus intereses personales, y conformaron un grupo de poder con una agenda política completamente ajena al magisterio.

Mientras la educación privada crecía geométricamente en el estado porque las familias no podían, o no querían, enviar a sus hijos a escuelas donde la movilización es más importante que la formación, y donde las plazas se daban en forma automática e incluso se compraban o heredaban, desde el IEEPO, la Sección 22 financiaba, desde a grupos armados, hasta elecciones, pasando por carreras políticas y movimientos sociales; pero, sobre todas las cosas, financiaba generosamente a sus propios dirigentes. El ciclo se cerró con la recuperación del IEEPO y el abandono progresivo en el que están dejando los verdaderos maestros a esos líderes. Y esto se escenificó perfectamente con la participación mayoritaria de los profesores que acudieron a la evaluación.

Si a eso se suma que en todo el país la participación alcanza más del 93% de los maestros, y si se añaden datos que, en apariencia, podrían ser menores, pero indican una tendencia firme, como la participación en la evaluación de 120 egresados de la normal de Ayotzinapa (donde hasta el día de hoy sus líderes exigen que las plazas magisteriales se entreguen en forma automática a sus egresados, como ocurría en Oaxaca y como demandan en Michoacán, donde la semana próxima será la siguiente evaluación), lo que nos queda es la certeza de que la Reforma Educativa se está convirtiendo en una realidad, en un proceso que tendrá, sin duda, resistencias, pero que ya no se detendrá.

Ese resultado deviene de la conjunción de muchos factores. Pero, sin duda, parte del cambio que se ha generado en el sector, desde la llegada de Aurelio Nuño, con un muy capaz equipo de trabajo en la SEP (el próximo desafío es que se haga realidad el sistema de premios y castigos que devienen de participar o no en la evaluación). Y también, en el caso de Oaxaca, de un gobierno estatal, encabezado por Gabino Cué, que logró romper con lazos y amarres que lo habían hecho rehén de la Sección 22 por años. También de una coincidencia, en lo fundamental, de todas las fuerzas políticas que, salvo Morena, han impulsado esa reforma y condenado los excesos de los líderes de la Sección 22 y de la Coordinadora.

Falta mucho aún para que la Reforma Educativa alcance sus verdaderos objetivos. Pero, por primera vez en mucho tiempo, pareciera que se ha dado el quiebre, y se ha cruzado el punto de inflexión necesario para alcanzar esos resultados.

¿PRESIDENTE O PRIMER MINISTRO?

El tricolor buscará la reforma electoral, pero no quiere la segunda vuelta propuesta por el PAN. En cambio, ha presentado una propuesta para que sean reducidos los diputados y senadores plurinominales en el Congreso y, al mismo tiempo, Manlio Fabio Beltrones habla de institucionalizar gobiernos de coalición de forma tal que, sin segunda vuelta, el que gane sin mayoría propia, prácticamente, esté obligado a llegar a acuerdos para integrar un gabinete plural.

Puede ser una opción interesante, pero no deja de ser una más de la indecisiones que atenazan nuestro sistema político. Decía el viernes Aguilar Camín en una entrevista con Bibiana Belsasso en el programa Todo Personal que, en última instancia, lo que tenemos que hacer es definir si queremos vivir en un sistema presidencialista o en uno parlamentario: en el primer caso, tenemos que fortalecer la institución presidencial y sus marcos de legitimidad (lo que se impulsa con la segunda vuelta, por ejemplo), si no es así, si preferimos un sistema parlamentario, hay que avanzar en él, en las atribuciones claras de un primer ministro y en las formas de conformar su gabinete. Ambos sistemas tienen costos y beneficios, pero lo menos aconsejable es quedarse a mitad de camino de las dos cosas.

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