Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
Ocupados en el diseño de sus rollos mareadores que disertan en precampañas disfrazadas de cualquier cosa, desde informes legislativos , festejos de cumpleaños, marchas por la paz y hasta en campañas contra el cáncer, los aspirantes o suspirantes a la gubernatura de Tamaulipas se siguen olvidando de quien verdaderamente los llevara a la principal silla del poder: los ciudadanos.
Priistas y panistas—el resto de los partidos no cuentan porque le apuestan a las pegadas con la idea de que eso les abre más posibilidades de alcanzar una buena raja del pastel sexenal que si deciden postular candidato propio—siguen tercos en subestimar la madurez democrática que hemos alcanzado como sociedad.
Para muchos de los que participan en esa trifulca por la disputa de la candidatura de su partido para gobernar el estado a partir del uno de octubre del 2016, los ciudadanos poco les importamos. Su prioridad en estos momentos es convencer a sus jerarcas partidistas de que son la mejor alternativa de triunfo. Lo demás y los demás no les interesa.
Que lamentable que así sea, porque un político inteligente y verdaderamente interesado en llegar al poder para servir a la sociedad, lo que haría sería identificar y resolver las urgencias más apremiantes de sus eventuales votantes. No se necesita gran inteligencia para entender que eso le daría muchos más simpatías que andar acarreando gente a sus festejos. Hechos son amores.
Pero no. Ellos siguen pensando que los electores somos los mismos analfabetas a quienes hasta hace algunos años engañaban con cualquier cuento chino, como aquel de que “en 15 minutos resolveré el problema de inseguridad pública”.
Mantienen viva la idea de que una bolsita de plástico con un kilo de frijol , otro de sopa y un litro de aceite, o bien un billete de 500 pesos, será suficiente paga a cambio de un voto en las urnas.
Pero no me crea a mí lo que le digo. Dese unos minutos usted mismo y analícelos. Véalos como andan cada quien en su mundo, presumiendo sus trayectorias políticas, sus presuntos logros legislativos , rosándose con la “plebe” en los estadios de futbol aunque no sepan ni lo que es un fuera de lugar, para luego publicitarlo todo en las redes sociales y en los periódicos.
Todo ello con la idea absurda de que quien acumule más “likes” será el elegido para enarbolarse la bandera de la candidatura.
Pero hasta en eso son ingenuos los suspirantes o aspirantes porque al final de poco o nada les servirán todas sus estrategias hipócritas. Cuando se llegue el momento, la decisión saldrá desde las alturas del poder. Si me apura tantito capaz y en estos momentos la decisión de quien será el próximo Gobernador ya está tomada.
Y es que esa terquedad de subestimarnos a los votantes es un mal generalizado. No son solo los aspirantes quienes minimizan al ciudadano. También lo hacen las dirigencias partidistas y hasta los mismos Gobernantes. Para ellos nosotros seguimos siendo “borregitos” que para lo único que servimos es para validar sus decisiones en las urnas.
Así ha sido y así es la política a la mexicana. Todo es un auténtico circo. Sin embargo, a diferencia del pasado, el público circense ya no se emociona o ya no se la cree tan fácil.
ASI ANDAN LAS COSAS.



