Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
El Gobierno priista de Enrique Peña Nieto va en caída libre. A la mitad del sexenio está completamente desacreditado . Tanto que si en estos momentos fuera el relevo en Los Pinos, difícilmente el PRI prolongaría su estancia.
Desde luego que la fuga de Joaquín, “El Chapo”, Guzmán Loera, fue como una especie de estocada para la credibilidad y confianza ciudadana en la administración peñista. Pero en realidad, ese descrédito gubernamental ha sido producto de una sucesión de eventos que han venido aconteciendo en los últimos casi tres años.
Episodios como el de Ayotzinapa, el de la Casa Blanca, el conflicto magisterial y la inseguridad pública, entre otros igual de duros, habían venido mermando la imagen de Peña Nieto prácticamente desde el inicio de su Gobierno.
Por eso decimos que la fuga del “capo” más sanguinario del país solo fue como un gancho al hígado, que dejó en la lona, noqueado, a un Presidente que ya evidenciaba una gran debilidad .
La pregunta es: ¿se levantara Peña Nieto? ¿Lograra recobrar esa confianza ciudadana que se requiere para que el PRI se mantenga en “Los Pinos” otros seis años? Las respuestas son inciertas.
Seguramente todo dependerá de qué tan efectivo sea el Gobierno federal de aquí al 2018. Para empezar, tendrá que darse prisa en recapturar al narcotraficante evadido. Aunque el desprestigio es enorme , seguramente regresar a la prisión a “El Chapo” ayudara a reducir esa pérdida de confianza.
Paralelamente, el Gobierno debe darse prisa en concluir una investigación que clarifique cómo logro el “capo” evadirse, y sobre todo que permita enjuiciar a todos aquellos que colaboraron en la evasión, ya sea por comisión o por omisión.
Debe haber, pues, un castigo ejemplar. El mensaje de la autoridad en ese sentido tiene que ser tan contundente que genere hacia la población el convencimiento de que en realidad se está castigando a los responsables.
Pero además, Peña Nieto tendrá que analizar muy seriamente la conveniencia de restructurar su equipo de colaboradores. El sabio popular dice que no es muy aconsejable cambiar de caballo a mitad del río, pero en el caso del Presidente parece obvio que los caballos no quieren caminar.
Para empezar, es obligado que rueden cabezas de funcionarios públicos de instancias claves como la de Educación; Gobernación, PGR y otras más, que han evidenciado una incapacidad mayúscula para resolver los problemas del país.
La consecuencia de esa incapacidad la vemos precisamente con la fuga de “El Chapo”; la masacre de Ayotzinapa; con la corrupción de la “Casa Blanca”, y con las violentas marchas de miles de maestros que rechazan la evaluación docente.
Si Peña Nieto insiste en continuar con sus mismos hombres seguramente los resultados que obtendrá serán los mismos que hasta ahora. No tiene por qué haber resultados diferentes cuando se hace lo mismo. Y eso obviamente lo irá hundiendo cada día más.
El asunto es muy más grave porque de las decisiones del Presidente depende la suerte de millones de mexicanos. Si Peña Nieto toma decisiones acertadas las consecuencias serán favorables para el país, pero si se sigue equivocando, como hasta ahora, tendremos a un México más inseguro, más corrupto, más violento, y más frágil en su economía.
¿No cree usted?.
ASI ANDAN LAS COSAS.



