Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
La semana pasada leí en los periódicos las quejas de varios ciudadanos y de algún regidor capitalino, doliéndose de presuntos abusos de policías y militares en la ejecución del llamado operativo “Mercurio”.
Las quejas eran en el sentido de que consideraban inconstitucional e ilegal que, como parte de las acciones de la autoridad, se estuvieran decomisando vehículos por portar placas vencidas; por que el conductor no pudo acreditar la propiedad del mismo o bien porque carecía de licencia de manejo.
“La mejor forma de no meterte en problemas con la autoridad es respetando la ley” aconsejaba alguno de mis maestros en la facultad de Derecho. Tenía toda la razón.
Esa misma máxima deberían explicársela a los ciudadanos que violentan la ley, pero que se enojan y protestan cuando la autoridad se los recuerda a través de una sanción como el decomiso de su vehículo.
Creo que ese ha sido y es el problema de fondo de la situación de inseguridad pública que padecemos. Nos gusta exigirle al Gobierno que haga respetar la ley, que combata la impunidad, que nos devuelva la tranquilidad a las calles para poder transitar por ellas sin miedo alguno, pero somos nosotros los primeros en violentar los ordenamientos legales.
De frente le restregamos a la autoridad su incapacidad para combatir y desterrar a los malos, pero por atrás colaboramos para que esos malos encuentren las condiciones perfectas para seguir actuando.
Como es obvio que somos mucho más los buenos que los malos, le aseguro que el día en que cada uno de nosotros nos propongamos apoyar a la autoridad desde nuestro entorno, esta lucha contra la delincuencia rendirá mejores frutos a corto plazo.
Si cada quien asume su obligación de respeto a la ley y educamos a nuestros hijos para que hagan lo mismo, a la vuelta de unos pocos años iremos notando los resultados, y sobre todo, no tendremos que andarnos quejando por el hecho de que la autoridad nos aplique una sanción.
Y cuando le hablo del respeto a la ley le hablo de un respeto absoluto: desde no desobedecer la luz roja de un semáforo, no estacionarse en los cajones para discapacitados, no tirar basura en la calle o no incumplir el pago de los impuestos . En suma, le hablo de cumplir con todas las obligaciones que nos corresponden como integrantes de una sociedad. Pareciera complicado pero en realidad no lo es tanto y el beneficio será enorme.
Nuestra sociedad sería otra si en vez de quejarnos de las acciones de la autoridad colaboramos con ella. Si no le convence la idea solo piense que cualquier paso que da el Gobierno , sobre todo en materia de combate a la inseguridad pública, está pensado en el beneficio de las mayorías, entre la cual estamos usted y yo.
Justo es entonces que le respondamos al Gobierno del mismo modo. Hagamos también nuestra parte para frenar esa pesadilla que es la delincuencia y que se origina en la impunidad que nosotros mismos generamos.
EL RESTO.
La Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) logró la reacreditación internacional de siete de sus programas educativos.
La Red Internacional de Evaluadores (RIEV), avaló la calidad de la licenciatura de Enfermería impartida en las facultades de Victoria, Nuevo Laredo y Tampico; la carrera de Contaduría Pública que imparte la Facultad de Comercio y Administración de Ciudad Victoria, y las carreras de Trabajo Social y Psicología, que se cursan en la Unidad Académica de Trabajo Social y Ciencias para el Desarrollo Humano también en la capital del estado.
Sin duda, logros como ese irán agrandando cada vez más el prestigio de la UAT y reduciendo la brecha entre la educación pública y privada.
ASI ANDAN LAS COSAS.




