Por Yuriria Sierra.
Uno de los hombres más brillantes que conozco, aunque también el de mayor arrogancia intelectual (mencionado esto más como virtud que como defecto), Jorge Castañeda, me dijo una vez que “el ser humano vivo más inteligente” que él conoce se llama Hillary Clinton. Y aunque yo no la conozco personalmente (el excanciller sí, y además es su amigo), no puedo sino estar completamente de acuerdo con él en esa evaluación. ¿Por qué? Porque a lo largo de la biografía de la exsecretaria de Estado, y en todos sus posicionamientos públicos, no encuentro más que una impresionante lucidez, visión y absoluta congruencia.
Después de ocho años de espera, Hillary ya es oficialmente (y nuevamente) aspirante a la candidatura demócrata rumbo a la Casa Blanca (la de Washington, claro está). Desde el domingo, es la primera demócrata en levantar la mano para ser candidata y suceder a Obama. Acaso será la única en términos reales. De lograr ambas cosas —la candidatura primero y la presidencial después— sería la primera presidenta de la renovada primera potencia mundial: Estados Unidos. Tal vez la más lógica y favorable narrativa que continuaría con aquello que de Obama escribirá la Historia, la de haber sido el primer afroamericano en convertirse en presidente: y tal vez su historia cerraría con broche de oro de entregarle el mando a ella. Y aunque el “ser mujer” no es una cualidad que habla del desempeño de funciones, es indudablemente una que rompe con los cánones bajo los que el mundo ha funcionado por tantos años. Las sociedades del mundo, todas, siguen aún construyéndose bajo las sombra de muros culturales que desafían sus, muchas veces, impresentables principios. Y el prejuicio así como las inercias del imaginario (me decía ayer Cecilia Soto, quien también fue candidata presidencial en México), esas que no se cansan de apuntar insensateces del tipo “este país no está preparado para una mujer presidenta” serán (como lo fueron hace ocho años) sus verdaderos oponentes en esta elección, a pesar de que hay toda una nueva configuración del electorado tras la elección en la que Obama ganó la presidencia. Hillary Clinton es toda una figura política, con todos los atributos intelectuales y sobrada experiencia, para hacer frente a varios de los desafíos no sólo de EU o del continente, sino del mundo entero: desde el terrorismo y su nueva modalidad altamente extrema y epidémica (hablo del Estado Islámico, claro), el cambio climático, los retos del crecimiento poblacional y la escasez de recursos, el renacimiento de un nuevo bloque socio-político y económico liderado por China y una (aunque recién debilitada) pendenciera Rusia, el estancamiento del crecimiento económico en todas las esquinas de Occidente y tantos otros temas queHillary Clinton está más que capacitada para enfrentar.
Y para ganar esta elección aprendió de sus errores de hace ocho años: irá por el voto de todas las minorías por las que el partido republicano no puede siquiera pensar en acercarse: así lo hizo saber desde su video de arranque: mujeres, homosexuales, hispanos y afroamericanos. La matemática no le falla: todos ellos representantes de minorías que, a su vez, han comenzado a dejar de serlo, al menos políticamente hablando y, sobre todo, mayoritarios en el agregado. Grupos capaces de definir el resultado de las elecciones.
Y éste no podía ser el mejor momento para los demócratas. No sólo están marcando otro episodio histórico en su país. Están nutriendo su papel como potencia en el mundo con un liderazgo más estable que, además, se ha echado a la bolsa el haber “terminado” con la Guerra Fría en Latinoamérica con el inicio de relaciones diplomáticas con Cuba. Y eso, como dato secundario a su completa recuperación como primera potencia mundial: el “súper-dólar” que ha vuelto a convertirse en la moneda más sólida del planeta (porque su economía lo es). Hillary, evidentemente continuaría con este hilo narrativo.
Si pudiera, yo misma votaría por ella (tal vez ponga su nombre en las boletas este 7 de junio). Hillary es una figura política a nivel mundial y, dicen quienes de eso mucho saben, sería la mejor apuesta
de México para las elecciones de noviembre en el país vecino. Ojalá éste pudiera constituir el arranque de un nuevo momentum en la relación bilateral. Con las credenciales que a Hillaryrespaldan, no esperaríamos algo menos que el inicio de un momento histórico mucho más allá del que se escribirá sólo por el hecho de que es mujer. Una mujer brillante. El “ser humano vivo más inteligente” que conoce, al menos, Jorge Castañeda (y eso que conoce a varias de las mentes más sobresalientes del mundo).



