Por Rogelio Rodríguez Mendoza
¿Cuál es la diferencia entre la universidad pública y la privada? Me preguntaba a mí mismo, recurrentemente, hace algunos años cuando regrese a la Unidad Académica de Derecho y Ciencias Sociales de la UAT para cursar la carrera de Derecho.
La duda me asaltaba por aquello de que siempre hemos creído que la escuela privada es sinónimo de calidad y prestigio y que en contraparte la escuela pública es todo lo contrario.
Me propuse indagar al respecto. Entreviste a estudiantes que habían transitado de una universidad a otra. Igual lo hice con rectores, directores y maestros, y la conclusión fue de que, al menos en lo que corresponde a las universidades victorenses, la diferencia es solo una: la disciplina.
En la universidad privada los maestros llegan puntuales a dar clase. No se ausentan y no designan adjuntos para que los suplan en la impartición de cátedra aunque son ellos los que terminan cobrando el cheque quincenal.
Los alumnos también llegan puntuales y no abandonan el aula cada que les suena el celular o cada que se les antoja fumarse un cigarro . Sus calificaciones se las ganan en el día a día y con los exámenes.
Cuando usted acude a una universidad privada en horario de clase difícilmente verá alumnos fuera de los salones. Pareciera que no hay nadie en el campus.
En cambio, vaya a una universidad pública y vera estudiantes por todos lados como si las clases se hubieran suspendido. Los maestros que imparten cátedra son adjuntos del titular. Incluso, conocí casos de profesores que eran adjuntos de los adjuntos.
Ahí, en esos factores radica la diferencia entre una universidad privada y una pública. Todo lo podemos resumir en una sola palabra: disciplina.
Le cuento de todo ello porque me acabo de enterar, con gusto, de una serie de medidas disciplinarias que se han implementado hacia adentro de la anteriormente conocida como Facultad de Leyes, hoy denominada Unidad Académica de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT).
Me da gusto porque mi formación profesional se ha dado en esa institución. Ahí cursé mi carrera de periodismo, ahí hice la licenciatura en Derecho, y ahí curso actualmente el segundo año de un posgrado en Derecho Constitucional. ¿Cómo no tenerle cariño?
Por ejemplo, sé que han puesto un ultimátum a los catedráticos titulares para que sean ellos los que impartan clases . Eso significa el fin de los adjuntos.
Paralelamente han iniciado una especie de evaluación del desempeño de cada maestro para determinar si tienen aptitudes docentes. En caso contrario se les exhortara a adquirir conocimientos en el tema.
Las horas de clase se han incrementado y se han dado instrucciones para evitar los tradicionales y famosos “puentes” que convertían los semestres en trimestres. Los periodos vacacionales serán recortados como ocurrirá con la llamada Semana Santa que en realidad, para efectos estudiantiles era “Quincena Santa”.
Las exigencias para los estudiantes en cada materia serán más enérgicas para acabar con esa vieja máxima que se aplicaba a los alumnos de la licenciatura de Derecho , de que “nada más no te muertas y te gradúas”.
Seguramente a la vuelta de pocos años los resultados de todos esos cambios rendirán frutos , traducidos estos en la formación de profesionistas mejor preparados y por ende más competitivos.
El gusto que ello genera es mucho mayor porque hasta donde sabemos lo que se está haciendo en la escuela de la Derecho ya se replica en el resto de las Unidades Académicas de la UAT. Bajo esa estrategia seguramente pronto quedará borrada esa brecha que separa a la escuela pública de la privada. Eso creo. Ojalá y así sea.
ASI ANDAN LAS COSAS.




