Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
La confianza en el Instituto Nacional Electoral (INE) y sus pares estatales, como el Ietam en Tamaulipas, sigue en caída libre. En cada proceso electoral se desgasta un poco más aquella certeza que alguna vez inspiraron como árbitros de las contiendas. Su autoridad se devalúa mientras crece la percepción de que la ley se aplica a conveniencia.
Desde este espacio hemos denunciado reiteradamente la sospechosa pasividad de las autoridades electorales frente a las trampas y burdas maniobras con las que partidos y políticos se mofan de la legislación. Tanto el INE como el Ietam parecen resignados al papel de simples espectadores, testigos mudos de conductas que, cuando menos, ameritarían una investigación seria.
Un ejemplo de esas simulaciones electorales lo tenemos en la figura que Morena puso de moda desde hace varios años, denominada Coordinadores de la Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía Nacional. Bajo ese elegante disfraz partidista se desarrolla, en los hechos, una competencia por posiciones políticas que después suelen traducirse en candidaturas.
Todo mundo sabe, incluidos por supuesto los consejeros electorales, que buena parte de esos coordinadores terminan convertidos en candidatos. La designación interna les permite promover su imagen y recorrer el territorio con evidentes aspiraciones electorales, mientras sostienen que únicamente difunden los principios de su partido. Una explicación demasiado cómoda para una maniobra igualmente evidente.
El problema es que, ante la ausencia de consecuencias, los demás partidos decidieron seguir el mismo caminito. El PAN anunció a sus coordinadores de la Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad; el PRI bautizó a los suyos como Defensores de México, y ahora el Partido Verde pretende incorporar a sus Guardianes Verdes.
Lo que estamos presenciando tiene un nombre bastante conocido entre los abogados: una chicanada. Es decir, una maniobra para aprovechar los resquicios de la ley y obtener ventajas que difícilmente se conseguirían respetando su espíritu. Los partidos encontraron la fórmula perfecta para disfrazar el proselitismo y, de paso, exhibir la debilidad de las autoridades electorales.
No se necesita ser especialista en Derecho Electoral para advertir posibles actos anticipados de campaña detrás de esas figuras. Correspondería a las autoridades investigar y sancionar cuando existan pruebas. Sin embargo, parecen atrapadas en su propia tolerancia: si permitieron esas prácticas a Morena, ¿con qué autoridad política pretenden ahora impedírselas al PAN, al PRI o al Verde?
En Tamaulipas, mientras tanto, seguimos padeciendo las viejas trampas de cada proceso electoral. Ahí están los anuncios panorámicos donde aparece, en tamaño monumental, la fotografía de algún aspirante a un cargo de elección popular. A un costado, casi escondida, colocan la referencia a una supuesta entrevista periodística que sirve de coartada para semejante despliegue publicitario.
El descaro ha llegado a extremos verdaderamente grotescos. Ahora resulta que basta una publicación en Facebook para pretender justificar la contratación de espectaculares con evidentes propósitos de promoción personal. La supuesta difusión de contenidos periodísticos termina convertida en publicidad política encubierta, mientras las autoridades electorales parecen incapaces de distinguir entre el ejercicio informativo y la propaganda disfrazada.
Por eso insisto en que la credibilidad del INE y de los organismos electorales estatales se desmorona peligrosamente. Una democracia no puede sostenerse sobre árbitros que inspiran desconfianza ni sobre partidos acostumbrados a torcer las reglas. Cuando el ciudadano pierde la certeza de que su voto será respetado y de que todos compiten en igualdad de condiciones, el desencanto alimenta el abstencionismo y puede terminar provocando conflictos sociales.
EL RESTO
Por cierto, en el PAN tamaulipeco hay muchos que no quedaron conformes con los nombramientos de coordinadores de la Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad. Una de esas inconformes es la actual diputada local, Marina Ramírez Andrade.
La legisladora afin al grupo cabecista quiere ser la candidata a la alcaldía de su natal San Fernando, pero su partido nombró como coordinadora, y por lo tanto su eventual candidata, a la exalcaldesa, Maybella Ramírez.
Veremos hasta donde llega la capacidad de Gloria Garza y César, “El Truko”, Verástegui para tranquilizar a los inconformes.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.




