Luis Alberto Rodríguez Juárez
El Operativo Espejo que se aplica en la frontera tamaulipeca con la de Texas habría pasado de largo, en cuanto a comunicación pública, si no fuera porque el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, no hubiera informado que marinos de aquel país fueron objeto de un ataque armado durante la implementación de dicha estrategia de disuasión policiaco militar.
La Vocería de Seguridad de Tamaulipas dio a conocer en sus cuentas de redes sociales la implementación de dicho operativo, ya en pleno despliegue, casi en paralelo a que el diplomático estadunidense mencionara el ataque y la acción coordinada de fuerzas de seguridad mexicanas y de la Unión Americana, cada uno en su territorio.
En realidad, el Operativo Espejo nació en 2019, bajo un gobierno federal mexicano y estatal distintos.
Fue una iniciativa regional, particularmente con elementos estatales tamaulipecos y del CBP de Estados Unidos más las fuerzas policiales texanas. La estrategia estaba enfocada a combatir, principalmente, el tráfico de migrantes que estuvo en uno de sus picos más altos y que era fuente de financiamiento y operación para otros ilícitos.
Se aplicó en Tamaulipas -cuando se desarrollaba la cooperación de las fuerzas tamaulipecas con 7 agencias estadunidenses relacionadas con la seguridad, incluido el FBI y el CBP, que luego paró formalmente por las presiones del gobierno de López Obrador -en su reyerta con la DEA.
La estrategia también se desarrolló en Chihuahua y Coahuila.
Apenas en 2025, el Operativo fue retomado por el Comando Norte de Estados Unidos y propuesto al gobierno de la Presidenta Sheinbaum ante la persistencia de la actividad delictiva y la sofisticación tecnológica con el uso drones, cientos de los cuales han sido derribados del otro lado, en Texas.
La discusión entre el embajador Johnson y la Presidenta mexicana no está en la relevancia y efectividad del Operativo Espejo, sino en el tema de si hubo o no un ataque armado a marinos de Estados Unidos por miembros de los grupos delictivos.
Que muestren pruebas de que ocurrió el ataque, pidió la Presidenta mexicana en lo que podría interpretarse como un llamado a evitar que esa situación sea pretexto para cualquier incursión armada en México de fuerzas estadunidenses.
No se entendería de otra manera ese debate innecesario, si es que lo realmente importante es que el Operativo Espejo mostró efectividad desde 2019 -hasta su pausa por las decisiones del gobierno de López Obrador- y seguramente dará resultados al ser elevado a una coordinación de carácter federal.
Dicho operativo se retomó y estableció a nivel federal y binacional en febrero de 2025. Trabaja bajo una premisa de estado de alerta máxima. Participan, esencialmente, elementos del Ejército y Marina mexicanos.
Lo que significa el Operativo Espejo es que fuerzas policiales y militares hacen patrullajes y detección de operaciones delictivas prácticamente en las márgenes del Río Bravo y áreas circundantes por donde se da el trasiego de mercancías y personas, más labores de inteligencia y patrullaje aéreo.
Sobre todo, el enfoque actual está en la detección de los drones. No se entendería, de otro modo, que dentro de la cooperación las fuerzas mexicanas cuentan con los aparatos laser que derriban drones.
Si bien Tamaulipas está en el centro del operativo, Coahuila, Chihuahua, la porción fronteriza de Nuevo León, Sonora y Baja California también forman parte de la estrategia del operativo.
Alrededor de 500 soldados y marinos están desplegados en cinco municipios de la frontera chica tamaulipeca.
No es algo nuevo.
Sólo que en estos tiempos se transformó de un operativo estatal a uno de mayor alcance, al ser binacional.




