Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
Nuevo León en un vehículo con placas foráneas ya no será tan sencillo como tomar carretera y manejar. El Gobierno de Samuel García decidió imponer un Pase Turístico obligatorio. Será gratuito, si, pero habrá que tramitarlo. Y ahí comienza el problema.
El documento será digital y tendrá vigencia hasta por 30 días naturales al año. Quienes pretendan permanecer más tiempo tendrán que inscribirse en otro registro. Para obtenerlo deberán proporcionar información personal y del vehículo. Dicho en pocas palabras: para visitar Nuevo León habrá que avisarle primero al Gobierno.
A querer o no, la medida tiene un desagradable tufo a aduana interior. Podrán vestirla de seguridad, control vehicular, orden administrativo o modernidad digital, pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿desde cuándo un mexicano necesita registrarse ante un gobierno estatal para circular por otra parte de su propio país?
Y para los tamaulipecos el asunto no es menor. Por simple vecindad geográfica, seguramente estaremos entre quienes más padezcan la nueva disposición. Todos los días hay ciudadanos de Tamaulipas que viajan a Monterrey por trabajo, consultas médicas, estudios, compras, negocios, vuelos o simplemente para visitar familiares. La relación entre ambos estados es cotidiana.
Desde Nuevo Laredo, Reynosa, Ciudad Victoria y muchos otros puntos salen diariamente vehículos rumbo a Nuevo León. Para miles de familias tamaulipecas Monterrey no es precisamente un destino turístico excepcional; forma parte de su dinámica habitual. Ahora, además de gasolina, casetas y tiempo de carretera, habrá que acordarse del famoso pase.
Porque una cosa es exigir licencia, placas, tarjeta de circulación, seguro y respeto a las normas viales. Nadie discutiría eso. Otra muy distinta es obligar a una persona a solicitar una autorización administrativa por el simple hecho de que su automóvil porta placas expedidas en Tamaulipas, Coahuila, San Luis Potosí o cualquier otra entidad.
No hay que darle demasiadas vueltas. El artículo 11 constitucional protege la libertad de tránsito por el territorio nacional. Desde luego que ese derecho no es absoluto y puede estar sujeto a determinadas restricciones legales. Pero cualquier limitación debe ser razonable, proporcional y plenamente justificada. No basta una ocurrencia burocrática disfrazada de innovación.
Y ahí está el detalle. El Pase Turístico no tendrá costo y por ello sería incorrecto llamarlo impuesto o peaje. Pero que sea gratuito no elimina la discusión de fondo. También las restricciones gratis son restricciones. Lo cuestionable es obligar al ciudadano a pedir una especie de permiso para circular por una entidad federativa.
Para acabar pronto, hoy Nuevo León exige un registro digital. Mañana cualquier otro estado podría copiar la idea. Después vendrían códigos, permisos, aplicaciones o calcomanías distintas. Y al rato tendríamos que preparar una carpeta de autorizaciones antes de salir de vacaciones por carretera. Sería llevar el federalismo hasta el absurdo.
México es una Federación, no una colección de pequeños países separados por fronteras administrativas. Los límites entre estados sirven para delimitar competencias de gobierno, no para levantar obstáculos a sus ciudadanos. Y menos todavía cuando entre entidades vecinas, como Tamaulipas y Nuevo León, existe una movilidad permanente que no entiende de líneas dibujadas en un mapa.
Samuel García podrá defender la medida alegando razones de seguridad y control vehicular. Es atendible. Lo que resulta difícil de digerir es que, bajo ese argumento, se trate al automovilista foráneo como alguien que debe anunciar su presencia. Como quiera que sea, demasiada burocracia carga ya el ciudadano para agregarle otra encima.
Los tamaulipecos tendremos que estar especialmente atentos. Lo que para alguien del centro o sur del país podría representar un trámite ocasional, para nosotros puede convertirse en una molestia frecuente. Y cuando una disposición gubernamental comienza por complicarle la vida al ciudadano, algo está mal diseñado desde el origen.
Porque hoy es un Pase Turístico y mañana quién sabe qué otra cosa se les ocurra. Con las libertades no se juega ni se experimenta. Los gobiernos existen para facilitarle el camino al ciudadano, no para colocarle una caseta virtual cada vez que cruza una línea estatal. Libre tránsito significa, ni más ni menos, poder ir y venir sin pedir permiso.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.




