Por Luis Alberto Rodríguez Juárez
En uno de sus libros de viajes, escrito en la década de los años veinte del siglo pasado, Mihain Tican describe la aventura que debieron correr un par de expedicionarios que, al perderse en su travesía en la selva, terminaron en una comunidad canibalesca, con la cual debieron convivir de manera forzada.
Y lo más interesante es que, para evitar ser devorados y lograr la supervivencia para poder escapar, los aventureros tuvieron que participar en el ritual: bailar la danza de los caníbales.
En los juegos del poder, dentro de la política, pasa algo similar más allá de cualquier color partidario.
Hay que bailar la danza para seguir en el juego de la supervivencia.
Es parte de una condición humana. El sálvese quien pueda… y como pueda.
O como planteó Nicolás Maquiavelo: el fin justifica los medios.
Los reacomodos políticos que estamos viendo en México desde hace varios meses -más lo que faltan- en medio de las designaciones para candidaturas a gobernadores, alcaldes y legisladores, exacerban los ánimos canibalescos.
Pero no sólo eso.
El caso Rocha Moya ha evidenciado cómo los jugadores de la danza bailan al ritmo de los acontecimientos, de los líderes tribales.
Aquellos que firmaron desplegados de apoyo a Rocha Moya y corearon con harta emoción el “no estás solo”, ahora tuvieron que recular y -después de titubear- signar otro desplegado reprochando al exgobernador sinaloense por su intento de retorno a la silla gubernamental para blindarse de ser devorado y sus despojos lanzados a la hoguera de la justicia.
Le llaman el cierre de filas, pero es la danza de los caníbales.
Ahora, el senador sinaloense Enrique Insunza pretende salirse de esa danza, frente a lo que él calificó como una feroz campaña de calumnias y diatribas… de una embestida que tiene como objetivo final “a alguien que posee el mayor liderazgo moral y político de la Nación”…
¡Zas! ¿Y la Presidenta Sheinbaum dónde queda?
Si el baile canibalesco fuera con la “derecha conservadora”, no se entendería por qué Inzunsa tendría que separarse de la bancada de MORENA e irse como independiente en su escaño.
¿Los caníbales están en su propia corriente, que hoy lo han visto como el siguiente manjar?
El canibalismo político, el fuego amigo, son prácticas habituales en las pugnas sin importar de qué partido sean, pero son peores cuando ocurren dentro de los supuestamente grupos afines.
Estamos hoy en ese momento. Es tiempo de acomodos y reacomodos, de contextos que van más allá de lo electoral.
Vienen aún las elecciones en 2027, donde las filias y fobias se trasladan a las comunidades y los grupos sociales.
Y ahí está un riesgo serio que más vale evitar.
Que se coman los caníbales. Pero que a la gente la dejen a un lado de su danza.




