Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.
Luego del escándalo generado por la embestida del gobierno de Estados Unidos contra políticos mexicanos acusados de complicidad con el crimen organizado, Morena y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) se apresuraron a curarse en salud, o como luego se dice coloquialmente, a pintar su raya.
Ambos partidos aseguran que para la elección del 2027 y las subsecuentes cuidarán que sus candidatos tengan un pasado limpio. Dicho en otras palabras, que no carguen señalamientos de nexos con narcotraficantes, huachicoleros o personajes ligados a la delincuencia organizada. Que no sean corruptos, pues.
Y está bien. Prometer no empobrece. El problema es que cumplir sí incomoda. Sobre todo cuando las candidaturas comienzan a negociarse entre grupos políticos, intereses económicos y estructuras regionales que pocas veces priorizan la ética por encima de la rentabilidad electoral.
Ese va a ser el verdadero reto para Morena, el Verde y, en realidad, para todos los partidos políticos. Porque el problema no es solamente identificar perfiles sospechosos, sino tener voluntad para cerrarle la puerta a personajes que muchas veces garantizan votos, dinero o control político.
Primero, porque muchos de sus actuales representantes populares arrastran toda una serie de acusaciones que definitivamente los descalifican. Entre ellos hay alcaldes, regidores, diputados locales, diputados federales y hasta funcionarios públicos que en sus regiones cargan historias demasiado conocidas.
Incluso, algunos de esos ediles o legisladores ya están pensando en buscar la reelección o brincar a otro cargo. Y no precisamente porque tengan resultados sobresalientes, sino porque siguen siendo útiles dentro de la maquinaria electoral de sus partidos.
Por otro lado, tampoco será fácil encontrar candidatos completamente limpios. Esos no se dan en maceta. Menos en una política mexicana donde durante años se normalizó la cercanía con personajes de dudosa reputación, siempre y cuando aportaran estructura, financiamiento o capacidad de movilización.
Hay municipios enteros donde la ciudadanía sabe perfectamente quién es quién. Saben quién llegó al cargo con una mano adelante y otra atrás, y hoy presume ranchos, empresas o propiedades difíciles de explicar. Saben también quiénes se rodean de personajes incómodos o mantienen amistades demasiado peligrosas.
Y el problema para los partidos es que muchos de esos perfiles ya no pueden esconderse detrás del discurso de la persecución política. La sociedad comienza a distinguir cada vez mejor entre una acusación fabricada y una trayectoria marcada por excesos, complicidades y enriquecimientos inexplicables.
Sin embargo, el solo hecho de que los partidos hagan pública su intención de cerrarle el paso a los narcopolíticos y a los políticos corruptos ya le pone cierta tensión y emoción a la elección que viene. Porque inevitablemente la ciudadanía comenzará a revisar con lupa la trayectoria de quienes pretendan aparecer en la boleta.
Y es ahí donde las redes sociales jugarán un papel determinante. Hoy cualquier fotografía, reunión sospechosa, antecedente judicial o relación incómoda termina exhibida en cuestión de minutos. Lo que antes podía esconderse debajo de la alfombra partidista, ahora circula masivamente en teléfonos y plataformas digitales.
Es cierto que no es la primera vez que los partidos prometen candados éticos para las candidaturas. En el pasado ya lo hicieron PRI y PAN cuando eran gobierno y nunca terminaron de cumplirlo. También hablaron de filtros, controles y revisiones de antecedentes. Todo quedó en discurso.
La diferencia es que hoy la clase política enfrenta una vigilancia ciudadana mucho más agresiva y permanente. Por eso, esta vez, la frase cobra sentido completo: prometer no empobrece, pero cumplir sí incomoda. Y habrá que ver cuántos partidos están realmente dispuestos a pagar ese costo.
EL RESTO.
ADIÓS A LA REELECCIÓN.- Hay alcaldes en funciones que ya pueden despedirse de la reelección. Algunos de ellos son Erasmo González Robledo, de Madero, y Alberto Granados, de Matamoros.
Sería una contradicción que Morena los postulara.
Veremos cuantos políticos más ven el fin de su carrera tras el nuevo principio morenista.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.



