Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.
Pocas cosas generan tanta angustia como ver enfermo a un ser querido y no saber si habrá medicamento, médico o atención suficiente para ayudarlo. Miles de familiasviven todos los días esa incertidumbre en hospitales y clínicas públicas donde las carencias siguen golpeando con fuerza, pese a tantos discursos, reformas y promesas de transformación.
El problema es que la gente ya escuchó demasiadas promesas. Escuchó que el Seguro Popular resolvería las carencias históricas. Después escuchó que el Insabi sería la gran transformación de la salud pública. Y más tarde llegó el IMSS-Bienestar con un discurso parecido.
Pero en la práctica, los problemas siguen ahí. Siguen faltando medicamentos, siguen faltando médicos, siguen faltando camas y siguen faltando hospitales dignos para atender a una población que cada vez enfrenta más dificultades para acceder a servicios médicos oportunos.
Basta platicar con cualquier ciudadano que haya acudido recientemente a un hospital público para entender el tamaño del problema.
Hay personas que esperan durante meses una cirugía. Otras deben comprar medicinas por fuera porque simplemente no existen en farmacia. Muchas más terminan pagando estudios particulares porque en el hospital no funcionan los aparatos o las citas se prolongan demasiado.
Y en medio de toda esa crisis, hay otro tema que sigue provocando indignación: la corrupción.
Porque mientras millones de mexicanos batallan para recibir atención médica, continúan apareciendo denuncias relacionadas con presuntos desvíos de recursos, compras infladas y manejo irregular del dinero público destinado a la salud.
A nivel nacional todavía permanece la sombra del escándalo por el supuesto sobreprecio en la compra de medicamentos que habría provocado un daño multimillonario. Se habló de alrededor de 23 mil millones de pesos y, sin embargo, el tiempo fue apagando el tema sin que la sociedad volviera a conocer avances concretos o castigos ejemplares.
En Tamaulipas tampoco existen demasiadas respuestas. Aquí siguen flotando expedientes relacionados con presuntos desvíos millonarios en el sector salud sin que hasta ahora existan responsables detenidos o procesos judiciales contundentes que permitan enviar un mensaje claro contra la corrupción.
Uno de los casos más comentados involucra un presunto quebranto cercano a los 300 millones de pesos. Sin embargo, la percepción ciudadana es que el asunto simplemente se fue diluyendo entre burocracia, silencio y falta de información oficial.
Incluso circula la versión de que el expediente habría sido reservado hasta el año 2030. Y aunque eso no ha sido aclarado públicamente, el simple hecho de que exista esa sospecha termina alimentando todavía más la desconfianza social.
Porque la gente ya no solamente está cansada de las carencias. También está cansada de sentir que nunca pasa nada cuando aparecen denuncias relacionadas con corrupción en el sector salud.
Como si eso no fuera suficiente, recientemente el coordinador estatal del IMSS-Bienestar, Margid Rodríguez Avendaño, confirmó investigaciones sobre el presunto saqueo de mobiliario y equipo médico que habría terminado operando en clínicas privadas.
La acusación es gravísima. Sobre todo porque mientras hospitales públicos enfrentan enormes limitaciones, habría quienes hicieron negocio con herramientas compradas con dinero de los ciudadanos.
Y lo más triste es que tampoco sería la primera vez que ocurre algo parecido. En administraciones anteriores también se habló de equipo médico desaparecido y de presuntas irregularidades similares. Se hicieron denuncias públicas, se señalaron anomalías y después todo quedó perdido entre expedientes y discursos.
Mientras tanto, el ciudadano sigue esperando soluciones reales. Sigue esperando llegar a un hospital y encontrar atención rápida, medicinas suficientes y condiciones dignas.
Porque al final del día la salud no debería convertirse en un privilegio ni en una lucha desgastante para las familias más humildes. Debería ser una garantía básica para cualquier mexicano.
Por eso duele tanto ver que el sistema continúa atrapado entre la ineficiencia, la improvisación y la corrupción. Porque detrás de cada falla hay personas sufriendo, familias desesperadas y enfermos que siguen pagando las consecuencias de un problema que, sexenio tras sexenio, parece no tener solución.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.




