Por José Medina
El PAN de Tamaulipas llega a la renovación de su dirigencia estatal en medio de una de las etapas más complicadas de su historia. Lo que comenzó en 2016 como el ascenso político más importante de Acción Nacional en el estado, terminó convertido en un escenario de división interna, desgaste y pérdida acelerada de espacios de poder.
La convocatoria para elegir a la nueva presidenta del Comité Directivo Estatal ya está en marcha y, por disposición interna, únicamente podrán competir mujeres.
El registro de aspirantes permanecerá abierto del 7 al 26 de mayo; las campañas internas se desarrollarán del 5 de junio al 4 de julio y la elección será el 5 de julio.
En este contexto aparecen dos perfiles que representan corrientes distintas dentro del panismo tamaulipeco. Por un lado, Omeheira López Reyna, ex diputada federal, ex magistrada y ex titular del DIF estatal, identificada políticamente con el exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca y con sectores que aún conservan influencia dentro del partido.
En contraparte se encuentra Gloria Elena Garza Jiménez, cercana al grupo político de César Verástegui Ostos. Su perfil académico y experiencia en derechos humanos la colocan como una alternativa distinta frente al estilo de control político que durante años predominó en Acción Nacional.
Sin embargo, la disputa interna va mucho más allá de nombres y grupos. El verdadero desafío para el PAN es recuperar la credibilidad perdida tras el desgaste que dejó el sexenio cabecista y la desconexión que el partido construyó con buena parte de la ciudadanía y de su propia militancia.
Los números reflejan el tamaño de la caída. Acción Nacional pasó de gobernar 34 municipios a conservar apenas 17 alcaldías. En el Congreso local quedó reducido a siete diputados y, en el ámbito federal, solamente mantiene un distrito de mayoría.
A ello se suman las críticas internas hacia la dirigencia de Luis René Cantú Galván, señalada por diversos sectores panistas por la falta de operación política, diálogo y capacidad para reorganizar al partido tras la derrota electoral de 2022.
Mientras Morena fortalece su presencia territorial y electoral en Tamaulipas, el PAN continúa atrapado en confrontaciones internas y bajo la influencia de grupos que se resisten a ceder el control político, pese al evidente deterioro de los resultados.
La elección de la nueva dirigencia será, en muchos sentidos, una prueba de supervivencia. Acción Nacional necesita algo más profundo que un relevo interno: requiere reconstruir su vínculo con los ciudadanos, recuperar confianza y redefinir su identidad política rumbo al 2027.
De lo contrario, el partido corre el riesgo de seguir perdiendo relevancia en Tamaulipas y quedar reducido a una oposición cada vez más debilitada frente al avance de Morena.




