Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA
El transporte público en Tamaulipas está a punto de entrar en una nueva etapa. Al menos, eso es lo que sugiere el arranque del sistema “Conecta”, anunciado por el gobierno de, Américo Villarreal Anaya, como un modelo piloto que comenzará a operar en Ciudad Victoria en los primeros días de mayo.
No es un proyecto menor. Se trata de unidades híbridas, modernas, con capacidad para 21 pasajeros sentados, que recorrerán 28 paradas estratégicas desde temprana hora. Y, quizá el dato más llamativo, será un servicio completamente gratuito.
En un estado donde el transporte público ha sido sinónimo de rezago, la apuesta tiene peso propio. No solo por la tecnología que incorpora, sino por el mensaje político que envía: el gobierno estatal está dispuesto a intervenir directamente en un servicio que durante años se dejó en manos de la inercia.
Hay que decirlo como es. El esfuerzo de Villarreal Anaya merece reconocimiento. Meterle recursos públicos a un sistema de transporte moderno, limpio y gratuito implica asumir costos, pero también responsabilidades.
Más aún cuando ya se habla de llevar este modelo a ciudades como Reynosa y la zona conurbada del sur, donde la demanda es mayor y el desafío todavía más complejo.
Si el proyecto crece, si se sostiene, si se consolida, podría marcar un antes y un después.
Pero aquí viene el punto. Ojalá y esta vez sí funcione.
Porque el transporte público en Tamaulipas es una historia larga de intentos fallidos. De buenas intenciones que no aterrizan. De anuncios que se repiten sexenio tras sexenio.
De hecho, tenemos una ley de transporte que es una chulada, pero que, lamentablemente, no se materializa en la realidad.
Es una ley bien hecha. Tiene reglas claras, obligaciones precisas, sanciones definidas. No le falta nada.
Lo que falta es aplicarla. Porque de nada sirve una ley impecable si se queda en el papel. De nada sirve presumir un marco jurídico sólido si en la calle lo que circula son unidades viejas, sucias, inseguras y con un servicio deficiente.
Eso es lo que vive la gente todos los días.
Durante al menos cuatro administraciones estatales se ha intentado lo mismo: depurar concesiones, ordenar rutas, modernizar el servicio. Y todos han fracasado.
No por falta de ideas. Por falta de voluntad. Porque nunca se ha querido aplicar la ley a rajatabla.
Hoy, por ejemplo, se habla nuevamente de cancelar miles de concesiones, de exigir revista mecánica, de regularizar el padrón. Suena bien. Pero ya se ha escuchado antes.
Y la realidad sigue siendo la misma.
El problema no está solo en las concesiones que desaparecen, sino en las que siguen operando sin cumplir la norma. Ahí está el fondo.
Porque mientras no se obligue a los concesionarios a prestar un servicio digno, mientras no se retiren de circulación las unidades que no cumplen, mientras no haya sanciones reales, todo seguirá igual.
“Conecta” puede ser un buen comienzo. Puede ser, incluso, el primer paso serio en muchos años para dignificar la movilidad en Tamaulipas.
El reto es enorme. Pero también lo es la oportunidad.
Porque hoy, más que nunca, los usuarios exigen un transporte digno. Seguro. Eficiente.
Y eso no se logra con discursos. Se logra aplicando la ley. Nada más. Pero nada menos.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.




