Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.
El próximo viernes 13 de marzo el gobernador, Américo Villarreal Anaya, enviará al Congreso del Estado el documento que contiene el cuarto informe de su administración.
Se trata de un acto solemne, de carácter constitucional, mediante el cual el titular del Ejecutivo rinde cuentas del estado que guarda la administración pública.
Es, en esencia, un ejercicio de transparencia y de responsabilidad política ante los representantes populares y, sobre todo, ante la sociedad tamaulipeca.
Días después, el 23 de marzo, el propio mandatario encabezará un acto público para detallar el contenido de ese informe y explicar a la socoedad los avances alcanzados durante el último año de su gobierno.
Será un momento oportuno para revisar lo realizado, pero también para mirar hacia adelante.
Porque más allá del balance, hay un dato político imposible de ignorar: al gobierno de Américo Villarreal Anaya le queda poco más de dos años de gestión.
Su mandato concluye el 30 de septiembre de 2028.
En términos prácticos, el sexenio ha entrado ya en su tramo final.
Y los últimos años de cualquier gobierno suelen ser los más decisivos para definir su legado.
Hasta ahora, el balance general del actual gobierno estatal ha sido favorable.
Las expectativas que generó la campaña de Villarreal Anaya no eran menores, y en buena medida se han venido cumpliendo con acciones concretas.
Uno de los ejemplos más claros es la segunda línea del acueducto Guadalupe Victoria para la capital del estado.
Durante años fue una promesa repetida por distintos gobiernos, pero nunca concretada.
Hoy es una obra en proceso de ejecución que busca resolver de fondo el problema histórico del agua en Ciudad Victoria.
En materia de infraestructura urbana también hay avances visibles.
La capital ha comenzado a transformarse a partir de inversiones impulsadas desde el gobierno estatal mediante el llamado fondo de capitalidad.
La ampliación de varias vialidades, entre ellas el bulevar Práxedis Balboa, los trabajos en el libramiento Naciones Unidas y el proyecto para modernizar el eje vial son ejemplos claros de esa estrategia.
No se trata de cambios espectaculares ni inmediatos, pero sí de obras que van modificando gradualmente el rostro de la ciudad.
Algo similar ha ocurrido en otros municipios del estado, donde también se han destinado recursos a infraestructura y servicios.
En seguridad pública, otro de los temas más sensibles para los tamaulipecos, también se han registrado avances importantes.
Tamaulipas ha logrado transitar con mayor estabilidad en comparación con los años más oscuros de la violencia que se vivieron entre 2010 y 2016.
Sería ingenuo afirmar que el problema está completamente resuelto, porque la delincuencia sigue presente como en cualquier entidad del país.
Pero también es cierto que el escenario actual dista mucho de aquella pesadilla que marcó a varias generaciones de tamaulipecos.
Incluso, frente a lo que hoy ocurre en estados como Guanajuato, Zacatecas, Michoacán o Sinaloa, la realidad de Tamaulipas resulta considerablemente menos dramática.
Por supuesto, aún hay pendientes importantes por resolver y metas que deben consolidarse antes de que termine la administración.
La conclusión del acueducto para Victoria, la continuidad de los proyectos de infraestructura urbana y el fortalecimiento de la seguridad pública serán claves en esta etapa.
En política, como en el deporte, los cierres suelen definir la memoria final de una gestión.
Por eso, para el gobernador Américo Villarreal Anaya, los próximos dos años representan el último tirón de su gobierno.
El momento de echar toda la carne al asador para consolidar lo logrado y asegurar que el cierre de su administración esté a la altura de las expectativas que generó cuando inició este proyecto de gobierno.
EL RESTO.
OJEDA Y SU SUEÑO.- El diputado, Sergio Ojeda, anda muy intenso, en la “pica de piedra” con la firme intención de convertirse en alcalde de Nuevo Laredo.
Igual que otros de sus compañeros que también quieren gobernar sus municipios, el morenista anda convencido de que podría disputar la candidatura por aquel municipio.
Sin embargo, pareciera que las cifras de su trabajo como legislador ni las simpatías de los neolaredenses le dan lo suficiente para concretar su sueño.
Pero por lo pronto, Don Checo va por el “si”, porque el “no” ya lo tiene.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.




