Por Redacción Noticentro.mx
El silencio en la corte federal de Chicago parecía más denso que el aire helado de la mañana. Frente a la juez Sharon Johnson Coleman, Joaquín Guzmán López, uno de los hijos de “El Chapo”, habló al fin de aquello que durante meses fue sólo un rumor: secuestró a Ismael “El Mayo” Zambada y lo entregó a las autoridades de Estados Unidos.
La admisión, inédita y demoledora, quedó registrada en la declaración de culpabilidad que abrió una grieta en la estructura de lealtades históricas del Cártel de Sinaloa.
El documento judicial, citado por el Chicago Tribune, reconstruye la escena con una frialdad quirúrgica. Guzmán López contactó al capo para una presunta reunión de conciliación en Sinaloa, el 25 de julio de 2024.
En el expediente no aparece el nombre de Zambada; se le llama “Individuo A”. Pero las coincidencias con su propio relato previo son imposibles de ignorar: la fecha, el sitio, la emboscada.
Todo comenzó en una habitación privada, donde Guzmán López había retirado —en secreto— el cristal de la ventana. Cerró la puerta. La aseguró. Y de inmediato, como piezas que caen en un tablero ya trazado, hombres armados irrumpieron por la abertura vacía, esposaron a Zambada, le cubrieron la cabeza con una bolsa y lo llevaron a una camioneta.
El trayecto continuó hacia una pista clandestina. Ahí, bajo la presión de las armas, el veterano líder fue obligado a abordar un avión privado junto con el propio Guzmán López.
En pleno vuelo, según la declaración, Joaquín preparó una bebida mezclada con un sedante y se la dio a Zambada. También tomó un sorbo él mismo, antes de que el avión tocara tierra en un pequeño aeropuerto de Nuevo México.
La escena final del secuestro se diluye en un punto simple del expediente: ambos fueron detenidos por autoridades estadounidenses al aterrizar.
La pregunta inevitable es por qué. La respuesta aparece sin rodeos en su confesión: Guzmán López esperaba obtener clemencia para él y para su hermano Ovidio, también en proceso judicial en Chicago.
Pero la confesión trae un matiz revelador: el gobierno de Estados Unidos, dice el documento, no pidió ni avaló el secuestro. Tampoco otorgará “crédito” por él. La traición, entonces, fue iniciativa personal. Y sin recompensa directa.
Aun así, el fiscal adjunto Andrew Erskine adelantó en la audiencia que, a cambio de la “cooperación continua” de Guzmán López en otros asuntos, los fiscales recomendarán una sentencia menor a la cadena perpetua obligatoria. Joaquín enfrenta dos cargos: tráfico de drogas y dirigir una organización criminal continuada, ambos con penas mínimas de 10 años cada uno. La fecha de sentencia aún no está definida.
Mientras tanto, en otra sala y en otro estado, Zambada también camina hacia su propio final judicial. Se declaró culpable en Nueva York, y su audiencia fue adelantada para el 12 de enero de 2026, ante el juez Brian Cogan, el mismo que condenó a “El Chapo” a prisión de por vida.
Dos rutas paralelas, dos traiciones cruzadas y un mismo destino: la justicia estadounidense cerrando un capítulo que parecía imposible de escribir.




