Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
En el ejido La Marcela, municipio de Miquihuana, las familias decidieron darle un giro a su tierra: aprovechar el agave para producir mezcal artesanal y, al mismo tiempo, proteger su entorno natural. El proyecto combina conservación de suelos, reforestación y desarrollo económico, con la intención de convertir al mezcal en motor de la economía local.
La Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (SEDUMA) y la CONAFOR anunciaron una inversión conjunta de 600 mil pesos, aportados en partes iguales por los gobiernos federal y estatal. El plan incluye capacitación, infraestructura productiva y la instalación de un vivero y una UMA, que permitirá conservar especies bajo criterios científicos.
Además, se destinarán 90 mil pesos adicionales para estudios especializados que mejoren la elaboración del mezcal y abran nuevas oportunidades de mercado. Con ello, Miquihuana busca consolidar un modelo de desarrollo sostenible que integre lo ambiental, lo social y lo económico.
El impulso al agave en esta zona se suma a otros esfuerzos que ya existen en Tamaulipas, como los proyectos en la Sierra de San Carlos, donde desde hace dos décadas se establecieron plantaciones para aprovechar el agave mezcalero. Aunque Oaxaca es líder nacional en producción, el potencial tamaulipeco ha comenzado a explorarse con fuerza, tanto en la zona centro como en la frontera, con especies silvestres que antes eran poco valoradas.
En todo México existen alrededor de 200 especies de agave, de las cuales una parte importante se destina a la producción de mezcal, tequila y otros destilados. En 2020 se cultivaron más de 25 mil hectáreas con un volumen cercano a los 2 millones de toneladas, lo que muestra el crecimiento de este sector. El mezcal, además de ser una bebida tradicional, se ha convertido en un producto de exportación con fuerte presencia en mercados internacionales.
Más allá del destilado, el agave cumple una función ambiental clave: ayuda a conservar suelos, prevenir la erosión y mantener ecosistemas que dan refugio a especies de flora y fauna. De ahí que los proyectos integrales, como el de Miquihuana, combinen el aprovechamiento económico con la reforestación y la protección de la biodiversidad.
Para las familias ejidales, el mezcal artesanal representa no sólo una fuente de ingresos, sino también una manera de fortalecer la identidad cultural y de abrir oportunidades sostenibles que permitan permanecer en su tierra. Así, el agave pasa de ser una planta silvestre subestimada a un recurso estratégico para el desarrollo regional.




