Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.
En el Poder Judicial de Tamaulipas, por fin, las urnas dictaron sentencia. A partir del primero de octubre, una mujer encabezará el máximo tribunal del estado. No es la primera —ya lo hizo en su tiempo la reynosense Ana Teresa Luebbert—, pero sí será la primera en llegar ahí por mandato del voto popular. Esa es la diferencia que marca la historia.
Tania Gisela Contreras López se convertirá en la nueva presidenta del Supremo Tribunal de Justicia del Estado por decisión ciudadana. Eso, en sí mismo, es una revolución para un sistema acostumbrado a mirar al Ejecutivo antes que a la sociedad.
Pero el hecho de haber sido electa no garantiza nada. El respaldo de las urnas no sustituye la eficacia, ni exime del escrutinio. Muy por el contrario: ahora carga con la expectativa y el juicio directo de quienes la llevaron al cargo.
El primer reto es ese: convencer a los tamaulipecos de que el voto popular fue el camino correcto para renovar al Poder Judicial. Que esta elección inédita no fue una improvisación, ni una concesión a la moda de la democracia directa, sino una herramienta real para purificar a una institución desacreditada.
Porque lo cierto es que hay dudas. Muchas. Hay quienes piensan —con argumentos válidos— que los jueces no se deben elegir con base en simpatías electorales, sino en conocimientos jurídicos y méritos profesionales. Hay quienes temen que la justicia se contamine con pasiones políticas.
Tania Gisela tiene en sus manos la posibilidad de desmontar esas dudas con hechos. Y para lograrlo, no puede perder tiempo.
Uno de los grandes pendientes que hereda es el rezago estructural del sistema judicial, sobre todo en materia familiar. Basta revisar los propios datos del Poder Judicial para ver que el 60 por ciento de los asuntos que ingresan cada año son pleitos de divorcio, disputas por la custodia de los hijos o conflictos sucesorios. Ahí donde más se necesita justicia pronta, es donde más se dilata.
Pero quizás el reto más complejo —y también el más esperado— es el de combatir la corrupción. No se nos olvide: ese fue el principal argumento usado para justificar la elección popular de juzgadores. Que el sistema estaba podrido. Que los jueces obedecían intereses oscuros. Que hacía falta abrir las ventanas.
Ahora bien, ¿qué tan factible es purificar el sistema desde adentro, cuando las inercias son tan viejas como el propio tribunal? ¿Cuánto margen real de maniobra tendrá una magistrada que, si bien llega legitimada en las urnas, se insertará en una maquinaria oxidada, dominada por cuotas, lealtades y pactos no siempre confesables?
Ahí es donde entra otra de sus virtudes: Tania no es una improvisada. A diferencia de muchos que llegan a los altos cargos por la puerta de atrás, ella conoce las entrañas del Poder Judicial. Las conoce desde abajo. Literalmente.
Su carrera como estudiante de Derecho comenzó en un juzgado donde le daban chance de aprender entre expedientes. Luego le permitieron coser los legajos —como se acostumbraba antes—, sacar copias, auxiliar a los abogados. Así empezó a escalar. Peldaño a peldaño.
Ese conocimiento desde las tripas del sistema puede ser su mayor fortaleza. Porque no hay mejor diagnóstico que el que se hace desde la experiencia. Tania sabe cuáles son las grietas, dónde está el cáncer y cómo se disfraza la corrupción de trámite administrativo.
También ha tenido pasos importantes fuera del tribunal. Fue secretaria general del Congreso, ha transitado por el IETAM, y cuenta con formación académica sólida: maestrías en Derecho Constitucional y en Derecho Parlamentario. No le falta técnica ni tablas.
Pero esta vez no se trata solo de técnica. Se trata de carácter. De liderazgo. De sacudir una estructura que lleva décadas sirviendo a unos pocos y fallando a muchos.
No basta con administrar el tribunal. Tania tendrá que liderarlo. Sacudirlo. Ponerlo al servicio real de la ciudadanía. Volverlo accesible, confiable, limpio.
La ciudadanía ya cumplió con su parte: acudió a las urnas y confió en un nuevo modelo. Ahora le toca a ella honrar esa confianza. Demostrar que la justicia también puede elegirse… y que elegirla bien, vale la pena.
Porque si Tania logra lo que promete, no sólo cambiará la historia del Poder Judicial de Tamaulipas. Cambiará la relación entre la justicia y el pueblo. Y entonces sí, su elección será algo más que una anécdota: será un parteaguas.
ASI ANDAN LAS COSAS.




