En los pasillos del Congreso del Estado de Tamaulipas hay un personaje que ha sido testigo de la historia política de la entidad desde hace más de tres décadas. Su nombre es Ismael Carreón, pero pocos lo llaman así. Para todos, es simplemente “El Mayelo”, el bolero oficial de los diputados, un título que se ha ganado con los años y con el humor que lo caracteriza.
Desde 1989, su presencia ha sido constante en los recintos que han albergado al Poder Legislativo, donde con su cajón de bolear y su risa contagiosa ha escuchado anécdotas, confesiones y ocurrencias de los legisladores que han pasado por ahí.
La historia de “El Mayelo” comenzó desde niño. A los siete años ya andaba con sus dos hermanos mayores, quienes también eran boleros. A los ocho, aprendió a buscar clientes solo.
“Mis hermanos me enseñaron todos los correderos, y hasta la fecha sigo en esto”, cuenta.
Su ruta lo llevó primero a bolear en la sede del PRI estatal, cuando tenía apenas 14 años, y después se instaló en el edificio de la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado, cuando estaba frente al edificio del Congreso del Estado.
Desde los 15 años comenzó a bolear a los diputados, aunque en ese entonces no tenía idea de lo que hacían. “No sabía ni m… de lo que era un diputado. Luego me di cuenta… y llegó mi decepción”, dice entre risas.
Con los años, se fue ganando la confianza de los legisladores. Algunos le pedían su servicio como un ritual antes de una sesión importante; otros, simplemente disfrutaban de la charla con el hombre que conoce más secretos del Congreso que cualquier periodista.
“Ya estoy esperando la medalla al mérito Luis García de Arellano”, dice con su característico sentido del humor.
Una vida sobre el cajón de bolear
Para “El Mayelo”, la boleada no solo ha sido un oficio, sino su forma de vida. Gracias a este trabajo, logró sacar adelante a sus cuatro hijos. “Tengo dos hijas y dos hijos, y ya viene el cuarto nieto”, dice con orgullo. Pero no ha sido fácil.
“Antes tenía que andar todo el día en la calle, buscando clientes. Salía a las 8 de la mañana y regresaba hasta las 11 de la noche. Si no había “jale”, tenía que recorrer todas las cantinas, andar de aquí para allá para sacar el día”, recuerda. A lo largo de los años, también ha recibido ayuda de gente que lo aprecia. Recuerda una anécdota en la que, mientras trabajaba en un billar, un hombre le prometió donarle una caja de cuadernos para sus hijos. “Andaba bien ebrio y me dice: ‘¿Ocupas cuadernos, verdad, wey? Mañana vienes por una pinche caja’”, cuenta.
“Pensé que no se iba a acordar, porque eso sucede con los borrachos que dicen una cosa y después no se acuerdan, pero cuando llegué, me estaba esperando. Me sorprendí. Pinche bato, cómo se acordó”.
Los diputados y sus favores
“El Mayelo” ha boleado a cientos de diputados, y aunque algunos han sido generosos, otros no tanto. “A la hora de cobrar sí te ayudan. Es lo que me hace fuerte. La boleada no me ayuda, sino el apoyo que me dan los diputados”, admite.
Algunos, incluso, le han dado trabajo en el Congreso. “Glafiro Salinas me consiguió un puesto aquí”, recuerda. “Filiberto, que era director de Administración, me preguntó si nunca me habían dado chamba. Luego, un seis de enero me llamaron y me dieron trabajo lavando los vehículos oficiales, con todas las prestaciones de ley”.
Después, pasó a jardinería y más tarde a seguridad. Pero su estabilidad laboral se vio truncada cuando luego de tres años no le renovaron su plaza.
“Me sacaron a mí para meter a un exagente de la Policía Ministerial. Lo resentí porque estaba trabajando bien”, cuenta con nostalgia.
Un testigo de la historia política de Tamaulipas
Desde 1989 hasta la fecha, “El Mayelo” ha visto desfilar a gobernadores, diputados y funcionarios. Ha escuchado rumores, ha sido confidente de políticos y ha sido testigo de acuerdos que se han cerrado sobre su pequeño banco de madera.
Para muchos, él es más que un bolero. Es parte del Congreso, una figura clave en la vida cotidiana de los legisladores. No todos lo conocen, pero quienes han pasado por ahí saben que “El Mayelo” no solo brilla zapatos, sino que también le saca brillo a las anécdotas que han marcado la política tamaulipeca.





