La escalada de tensiones entre los agricultores franceses y las fuerzas del orden alcanzó un punto crítico el miércoles, con los primeros arrestos de campesinos que intentaron ingresar al mercado de abastos de Rungis, al sur de París, considerado como una «línea roja» por el Gobierno.
La aparente tregua entre los convoyes de tractores que bloquean carreteras desde hace una semana y la policía mostró signos de agotamiento cuando los agricultores intentaron asaltar el mayor centro mayorista de Europa, vital para la capital y gran parte del país.
Al menos 79 agricultores fueron arrestados por agentes con la orden expresa del ministro del Interior, Gérald Darmanin, de preservar Rungis, convertido en el epicentro del conflicto.
La tensión era palpable desde la mañana, con tractores enfrentándose a las tanquetas policiales en puntos de bloqueo de autopistas. Un convoy proveniente del sur del país, epicentro de las protestas, se detuvo a 80 kilómetros de su destino después de un enfrentamiento con la policía.
Los arrestos comenzaron con quince campesinos que desobedecieron las consignas policiales cerca de Rungis. Posteriormente, algunos lograron ingresar al mercado mayorista a pie, dañando puestos y provocando nuevas detenciones.
Por primera vez desde el inicio de las protestas, se vieron importantes despliegues de antidisturbios, y los portavoces del Gobierno comenzaron a elevar el tono, argumentando que las concesiones hechas por el presidente Macron no reciben el reconocimiento adecuado por parte de los agricultores.
A pesar de las medidas tomadas por Macron, los agricultores insisten en mantener la protesta y aumentar la presión. Aunque los líderes sindicales piden calma y evitan acciones violentas, la encuesta mostró que casi el 80 % de los franceses respalda las demandas de los agricultores.
En el fondo de la crisis, se vislumbran las elecciones europeas de junio próximo, donde la extrema derecha busca capitalizar las protestas. El primer ministro, Gabriel Attal, con apenas 20 días en el cargo, envió guiños a los agricultores, pero la llama de la protesta parece cobrar fuerza, y no se descarta que Macron intervenga en los próximos días para calmar la situación.




