El estadio Akron vibró al ritmo de The Weeknd, quien ofreció una presentación espectacular para 60 mil almas emocionadas. La noche prometió desde un inicio un show fuera de lo común, y el artista canadiense Abel Tesfaye no defraudó.
Emergiendo a las 21:15 horas, el intérprete de «Blinding Lights» sorprendió con un look enigmático: chaleco y pantalón de camuflaje y una máscara dorada que brillaba con luz propia. El escenario parecía sacado de una película futurista, con monumentos en ruinas y una gigantesca luna fluorescente. Pero el toque de ciencia ficción definitivo lo dio un imponente robot femenino diseñado por el ilustrador japonés Hajime Sorayama.
La euforia llegó con la interpretación de «Can’t Feel My Face», y de ahí en adelante, el recinto se transformó en una fiesta colectiva. Luces que rayaban el cielo y llamas que calentaban el ambiente acompañaron temas icónicos como «Take My Breath», «Hurricane» y «The Hills».
The Weeknd demostró una vez más por qué es considerado uno de los mejores artistas en vivo del momento. No solo por su impresionante capacidad vocal y carisma, sino también por la profunda conexión que logra con su público, quien no paró de cantar, bailar y vibrar con cada nota.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando se despojó de su máscara, desatando la emoción desbordante de los presentes. También hubo tiempo para la cercanía, pues bajó del escenario para compartir selfies y micrófono con algunos afortunados.
Después de un repertorio de 41 canciones que repasó su extensa y exitosa carrera, la mágica noche concluyó con «Moth To a Flame», dejando un sabor de boca inolvidable en el corazón de Guadalajara.




