Tras el paso devastador del huracán Otis, que impactó Acapulco con fuerza de categoría 5, la entrada al puerto presenta notables daños y saturación. Los trabajadores, armados con maquinaria pesada, luchan contra el reloj para retirar lodo, restos de árboles y piedras que bloquean la autopista México-Acapulco, específicamente cerca de la caseta de La Venta.
La situación es particularmente crítica en el sentido que se dirige hacia el puerto desde Chilpancingo, lo que ha obligado a cerrar temporalmente ese tramo. No obstante, en un esfuerzo por mantener la movilidad, el lado opuesto de la autopista ha sido habilitado para dar paso alternado a los vehículos que entran y salen de Acapulco.
Las secuelas de Otis son evidentes. Negocios locales, principalmente de artesanías y comida, han perdido sus techos arrancados por los fuertes vientos. Además, postes de luz y teléfono han sido derribados, causando más destrozos al caer sobre viviendas cercanas.
La buena noticia es que la actividad comienza a reanudarse gradualmente. Las corridas de autobuses desde Chilpancingo hacia Acapulco, que habían sido suspendidas, ya están en marcha nuevamente. Sin embargo, la saturación vial y la irregularidad en el servicio de transporte han llevado a muchos a continuar a pie. En medio de esta adversidad, patrullas estatales se suman al esfuerzo de auxilio, transportando a personas en sus vehículos para facilitar su movilidad.
La situación es compleja, pero el espíritu de solidaridad y resiliencia de la gente brilla en Acapulco.




