Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Vienen días, semanas y meses tormentosos para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El secuestro de cuatro estadounidenses en Matamoros, dos de ellos asesinados, complicará la de por si complicadísima relación entre México y Estados Unidos.
López Obrador podrá decir a su favor que su gobierno actuó con rapidez para rescatar a las víctimas, pero eso de poco o nada servirá para inhibir el enfurecimiento del país vecino, cuyo gobierno condenó rápidamente el hecho y, desde la Casa Blanca, lo calificó de “inaceptable”.
Es muy posible que, desde el gobierno mexicano estén pensando que la parte estadounidense se sentirá agradecida del rescate, pero es ingenuo suponerlo así, y menos cuando dos de las víctimas fueron asesinadas. No hay forma de que el vecino perdone el agravio.
Y es que, no se trata solamente del plagio de los cuatro norteamericanos a manos de un cartel de las drogas que los habría confundido con un grupo rival. Lo que Estados Unidos ha venido reclamando a México es su incapacidad para frenar el poder ascendente que han logrado los grupos criminales.
Al vecino país, como a muchos mexicanos, le parece un absurdo la política de “abrazos, no balazos”, con que López Obrador ha intentado disuadir la violencia delincuencial en México, porque el fracaso ha sido mayúsculo, como lo demuestran los más de 140 mil muertos que ha ocasionado el crimen organizado en los últimos cinco años.
Es por eso que parece inevitable una reacción durísima del gobierno norteamericano ante la evidente incapacidad de su par mexicano para contener la ola de violencia desatada por los grupos criminales.
Los estadounidenses saben que deben actuar de inmediato porque esa violencia ya se convirtió en una seria amenaza para ellos. Desde hace muchos años ha estado “tocando” la puerta en su frontera y si no hacen algo se les meterá hasta la cocina.
Como parte de esa embestida que viene, legisladores y lideres norteamericanos han aprovechado el episodio del secuestro en Matamoros, para intensificar el cabildeo de una iniciativa que busca declarar terroristas a los grupos criminales en México, y derivado de ello autorizar a su ejército a combatirlos, incluso en territorio mexicano.
En México, el solo deslizamiento de esa idea ha sido calificado como una aberración, y legisladores como, Ricardo Monreal, han advertido que el gobierno mexicano no admitirá una decisión injerecista de esa naturaleza “porque atentaría contra la soberanía nacional”.
El problema está en que Estados Unidos ha demostrado, una y otra vez, que cuando ve amenazados sus intereses no hay forma de que frenen sus decisiones.
Por todo ello, es muy probable que los mexicanos estemos viviendo la peor crisis diplomática entre México y Estados Unidos. Una crisis en la que el gobierno de López Obrador la lleva de perder.
EL RESTO.
¿Y EL ALCALDE?.- En medio del escándalo internacional por el secuestro de los cuatro norteamericanos, el alcalde de Matamoros, Mario Alberto, “La Borrega” López Hernández, desapareció literalmente de la escena mediática.
Era el principal obligado a dar la cara por lo sucedido en su municipio, pero hasta la fecha sigue ausente.
POLEMIZAN.- Por cierto, Morena y el PAN polemizaron ayer con el tema del plagio de los cuatro estadounidenses, culpándose mutuamente del tema de la inseguridad.
Ojalá que, en vez de eso se pusieran a trabajar en conjunto para impulsar acciones que inhiban el fenómeno.
ANDAN LAS COSAS.




