Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
¿Ha servido de algo que el Ejército Mexicano esté en las calles haciendo tareas de seguridad pública, y particularmente combatiendo al crimen organizado?
La pregunta cabe, luego de la intensa polémica desatada a nivel nacional por las recientes reformas a cuatro leyes secundarias, que ceden a la Secretaría de la Defensa Nacional (el ejército mexicano) el mando absoluto sobre la Guardia Nacional.
La interrogante se hace obligada, además, por una iniciativa de reforma constitucional, impulsada por el PRI, a través de su diputada, Yolanda de la Torre, para que la presencia de los militares en las calles, establecida inicialmente hasta el 2024, se prolongue hasta el 2028.
Con ambas reformas, lo que busca el presidente, Andrés Manuel López Obrador, y Morena, es dejar en manos de los militares la responsabilidad absoluta de combatir y enfrentar a la delincuencia.
Más allá de las respuestas convenencieras que podrían dar a la pregunta planteada, los gobiernos, el federal, los estatales y los municipales, y por supuesto los políticos en general, me parece que quienes tenemos la posibilidad de dar una contestación más objetiva somos los ciudadanos.
En ese sentido, sería interesante saber lo que dirían al respecto los habitantes de más de una docena de estados, que llevan años sumidos en una pesadilla por las recurrentes masacres, desaparecidos, secuestros, y el alarmante incremento de un catálogo de delitos, todo ello producto de la actividad impune de los grupos delincuenciales.
Entre esos estados se encuentran Zacatecas, Baja California, Sinaloa, Guerrero, Michoacán, Guerrero, San Luis Potosí, Veracruz y muchos más.
Es fácil de entender que, para quienes viven en todas esas entidades (la mayoría gobernadas por Morena), la presencia de los militares combatiendo a los delincuentes, no ha servido absolutamente para nada.
Si la continuidad del Ejército mexicano haciendo tareas de policías fuera la solución para pacificar al país, no tendríamos a más de la mitad del territorio nacional bajo el yugo de horror y terror impuesto por los carteles del crimen organizado.
No, señor presidente López Obrador. No, señores legisladores. Esta demostradísimo, en los hechos, que pretender frenar la narcoviolencia en México con la sola presencia de los militares en las calles, es iluso y fantasioso.
No será así por dos razones principales: una, porque los militares no tienen formación policial. Ellos están preparados para otro tipo de tareas, pero no para combatir los delitos; y dos, los grupos delincuenciales le perdieron, desde hace varios años, el respeto al Ejército Mexicano. Tan se lo perdieron que, basta ver los videos que circulan en redes sociales, de militares huyendo de comandos de sicarios, o de soldados sometidos y vejados por grupos delincuenciales.
En mi opinión, es indispensable que los militares sigan en las calles, pero solamente para hacer una tarea de contención hacia los grupos criminales. Son los soldados los únicos que tienen la preparación y la capacidad de fuego para enfrentar al crimen organizado.
Sin embargo, esa presencia militar deberá ir acompañada de una fuerza policial civil, que haga el trabajo necesario para que los delincuentes sean procesados y sentenciados.
El gran problema es que, tanto la federación como los gobiernos estatales, se han olvidado de construir corporaciones policiales capaces y confiables. Para hacerlo prácticamente tendrían que comenzar de cero, y ni a unos ni a otros se les ven ganas.
En esas circunstancias, el panorama para México en materia de seguridad pública luce desolador. Para decirlo más claro: no se ven muchas posibilidades de que cese el alarmante crecimiento delincuencial que vive el país.
Suponer que darle al Ejército el mando sobre la Guardia Nacional asustará a los criminales, es infantil. ¿No cree usted?
EL RESTO.
¿EN SERIO, ALCALDE? – “Hoy la transformación de Victoria está a la vista de todos”, presumió en su informe anual de labores, el presidente municipal, Eduardo Gattás Báez.
¿En serio alcalde? Nosotros seguimos viendo una capital del estado igual a la de los últimos años: llena de baches; con un pésimo servicio de recolección de basura, y servicios públicos en general, deficientes.
ASI ANDAN LAS COSAS.




