Decenas de migrantes, principalmente haitianos, entre ellos niños y mujeres con bebés en brazos, caminan hacia la frontera con la ilusión de cruzar hacia Estados Unidos en busca de asilo político.
Las autoridades de los tres órdenes de gobierno y los defensores de derechos humanos se muestran insensibles frente al drama que enfrentan estas personas, que huyen de la pobreza y la violencia de sus países.
Solamente la iglesia les ha tendido la mano.




