Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Fueron 120 minutos de promesas y compromisos. Durante su toma de protesta como Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, usó la máxima tribuna legislativa del país, para reiterar, ante los ojos del mundo, lo que será el contenido de su proyecto de Gobierno.
El eje de todo su plan gubernamental se basará en dos objetivos prioritarios: acabar con la corrupción e impunidad. De ahí, de acuerdo a su visión, dependerá el destino del país, porque en esos males se ha originado el desastre que envuelve a México, con una deuda pública que se ha quintuplicado en los últimos tres sexenios, una inseguridad pública que nos mantiene en un permanente baño de sangre, y con una pobreza cada vez más grande.
Aquí he dejado constancia escrita de mi escepticismo y desconfianza del proyecto Lópezobradorista. He dicho que las ideas o intenciones del ya Presidente en funciones son maravillosas pero irrealizables, soñadoras. Si se concretara al menos la mitad de ellas estaríamos en un paraíso.
Pero también he manifestado que, como mexicano nada me daría más gusto que al país le fuera excelente. Que ojalá esa lucha contra la corrupción e impunidad rinda frutos pronto, porque, coincido con el Presidente, es la fuente de todos los males que padecemos como nación.
Pero no es solamente la corrupción que se genera en el servicio público la que nos debilita . Desde luego que esa es la que más daño nos ha causado, porque ha provocado que unos cuantos se roben miles y miles de millones de pesos que podrían haber servido para inhibir la pobreza, pero la corrupción privada, la que fomentamos usted y yo con nuestra conducta diaria, también nos daña. Por lo tanto, a esa también hay que atacarla dura.
Respecto a la impunidad, es y ha sido igual o más perjudicial para el país que la corrupción misma. Investigaciones oficiales y de Ongs coinciden en que apenas 1.5 o dos delitos son castigados en México. El 98 por ciento de las conductas antisociales quedan sin castigo.
Por esa razón, me parece que si el Gobierno comienza a aplicar la ley, muy pronto habrá resultados visibles. El gran problema es que gran parte del aparato de procuración e impartición de justicia está corrompido. Pero le reitero, y lo invito a usted, démosle al Gobierno entrante el beneficio de la duda.
Le deseo toda la suerte y buena vibra del mundo al Presidente López Obrador. Si a él le va bien, nos va a bien a todos.
Me parece que el sentimiento mayoritario de los mexicanos luego de la toma de protesta del Presidente es esperanzador. Por lo menos en el entorno cercano a mí, las opiniones favorables prevalecieron. Son más los que confían o quieren confiar en el ofrecimiento del Jefe de la Nación. Confiemos, pues.
ASI ANDAN LAS COSAS.




