Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Una investigación realizada por la organización no gubernamental, “Causa en Común”, reveló que el 68.5 por ciento de los policías del país se siente discriminado por la sociedad y el 61.6 por ciento cree que la población desconfía de ellos.
Durante meses, la ONG se dedicó a encuestar a los agentes policiales de las 32 entidades del país. El propósito era conocer el sentir de esos servidores públicos, que por vocación o necesidad asumen la responsabilidad de cuidarnos y protegernos.
Los resultados son preocupantes: casi 7 de cada diez policías se sienten humillados por la sociedad, y 6 de cada diez están convencido de que la ciudadanía no confía en ellos.
Lo más lamentable de todo es que tienen razón. Como sociedad hemos estigmatizado al Policía. No lo hemos sabido valorar. Cada que tenemos oportunidad lo satanizamos bajo el más mínimo pretexto.
Cuando alguien los denuncia, ya sea formalmente o por medio de una publicación en redes sociales, lo sometemos a una especie de juicio sumario y lo declaramos culpable mucho antes de que la autoridad emita un veredicto.
Usted me dirá que la mala fama de los policías no ha sido gratuita. Y si, tiene razón. Sería inútil negar que hay malos elementos dentro de las corporaciones. Pero también es cierto que hay muchos agentes comprometidos con su tarea, que a diario arriesgan su vida porque verdaderamente aman lo que hacen.
Como en toda actividad o profesión hay buenos y malos. Por ejemplo, hay gobernantes honestos y corruptos. Igual ocurre entre los abogados, los doctores, los periodistas, los empresarios. Siempre habrá “prietitos en el arroz”. Pretender lo contrario sería creer en la perfección.
Bajo esa tesis, me parece que como sociedad hemos sido injustos, ingratos, desagradecidos, al meter en un solo costal a los policías. No podemos seguir midiendo con la misma vara a todos porque, le insisto, en las corporaciones también hay muy buenos policías, y creo que son los más.
Durante casi 20 años de mi vida, en el ejercicio de mi actividad periodística, conviví a diario con policías. Por mi trabajo como reportero casi fui uno de ellos. Por eso me consta que en las corporaciones son más los buenos que los malos.
En razón de ello, creo que debemos comenzar a reflexionar sobre el trato que damos a nuestros policías. Valoremos todo lo que hacen, sobre todo ahora en que el monstruo de la delincuencia cada vez es más peligroso.
Dejemos de discriminarlos, de satanizarlos. Respetémoslos.
Por su parte, el Gobierno debe también hacer su parte. Si quiere policías comprometidos con su tarea, debe comenzar por pagarles buenos sueldos y por darles un seguro de vida que les dé la certeza de que, ante una fatalidad sus familias quedarán protegidas.
Porque ese es el otro resultado de la encuesta. El 68 por ciento de los agentes de la ley considera su sueldo como muy bajo. Y si, tienen toda la razón.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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