Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Este martes y miércoles recientes, el Centro de Ejecución de Sanciones, (Cedes), de Ciudad Victoria volvió a ser noticia nacional. Siete muertos y trece lesionados fue el saldo que dejaron una serie de balaceras, la primera de ellas poco después de las 16 horas de antier y la última ayer muy temprano.
Entre las víctimas fatales hubo tres Policías. Perdieron la vida en el cumplimiento de su deber cuando ejecutaban un operativo para excarcelar a un grupo de reos que iban a ser trasladados a otros reclusorios. Otros seis de sus compañeros figuran entre los lesionados.
La estrategia falló. Algunos de ellos fueron desarmados por los reclusos y se originó el infierno. El tableteo de las armas marco el inicio de una nueva jornada de violencia en el reclusorio. Todavía ayer la situación estaba fuera de control.
Pero vayamos al fondo del asunto. La crisis penitenciaria en Tamaulipas no es nueva. Lleva años, tal vez décadas, presente. Desde los años 90 ahí ha estado. De hecho, desde entonces el Penal victorense ya había sido noticia nacional con un motín que se prolongó durante semanas. Otros Penales han saltado a la fama por riñas sangrientas y fugas masivas.
Lo que si es nuevo es la forma de enfrentar el problema. Por primera vez una administración estatal está mostrando decisión para poner orden en los reclusorios. Los brotes de violencia son precisamente la consecuencia de ese cambio de estrategia.
Basta hacer un análisis superficial para encontrar las diferencias. Antes la autoridad dejaba que los reos se mataran entre ellos y que los grupos de poder impusieran su ley en el interior de las prisiones, mientras que hoy el Gobierno toma la iniciativa y ejecuta acciones que buscan destruir esos autogobiernos.
Una referencia de ello es precisamente el operativo que detonó la violencia durante las últimas 48 horas en el Cedes capitalino. La reacción de los prisioneros detono los enfrentamientos.
Que bueno que así sea. Los tamaulipecos queremos un basta en las simulaciones. Si realmente deseamos recuperar la paz y tranquilidad en las calles debe haber un cambio en el actuar del Gobierno. De otra forma seguiremos sumidos en la impunidad que tanto nos lastima.
Ya no deben valer el reparto de culpas para evadir responsabilidades propias. Por eso hay que aplaudir que la administración de Francisco Javier García Cabeza de Vaca esté actuando sin esperar a que la federación se decida a tomar en sus manos un asunto al que le ha sacado la vuelta siempre.
Algo que también hay que reconocerle al Gobierno Cabecista es su apertura para la entrega de información. Los datos duros de los episodios violentos fluyen con oportunidad para evitar la especulación y, sobre todo la irritación ciudadana.
Esperemos entonces que pronto haya orden en los Penales. Aquí hemos insistido en la importancia que ello tiene tomando en cuenta de que el sistema penitenciario es el último eslabón de justicia.
Se supone que el fin último de los reclusorios es lograr la reinserción social de quienes han incurrido, por la razón que sea, en un delito, pero bajo las condiciones en que operan es imposible conseguir ese fin de la justicia. Por eso hay que darse prisa.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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