Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Para nadie es desconocido que la delincuencia le ha perdido el respeto a la autoridad. Desde hace ya muchos años los maleantes no se andan fijando en las consecuencias de sus actividades ilícitas. No se cuidan, pues.
Pero, que un delincuente se atreva a entrar a las mismas oficinas de la instancia encargada de perseguir e investigar los delitos, son palabras mayores.
Eso fue lo que ocurrió la madrugada de este miércoles, cuando un presunto delincuente entro !a las oficinas de la Procuraduría General de Justicia del Estado!.
Aunque usted no lo crea, así fue. De acuerdo a la información que ha trascendido, (porque oficialmente no se ha dicho nada) , los hechos ocurrieron en horas de la madrugada.
Los agentes ministeriales que custodian los accesos y el edificio completo estaban descuidados porque atendían a los deudos de un fallecido que iban a reclamar el cuerpo al Servicio Médico Forense, por lo que el hombre entró sin ser visto.
Llegó hasta el área administrativa. Violentó el acceso y, durante casi cinco horas, se dedicó a hacer de todo: destruyó expedientes, equipo de cómputo y mobiliario.
Los Policías Ministeriales fueron alertados de lo que sucedía cuando se activó el sistema de alarma. Pero como los sensores se activan accidentalmente con mucha recurrencia no hicieron caso.
Fue hasta las 06:30 horas, cuando un intendente descubrió los hechos y dio aviso. El presunto delincuente fue sorprendido aun en el interior. Quedó detenido.
El hecho no debería tener trascendencia porque , hasta donde se sabe, el sujeto solo causó daños toda vez que no pudo llevarse nada. Pero sí es trascendente.
Lo es porque uno supondría que el edificio que alberga a la Procuraduría General de Justicia del Estado, la principal instancia responsable del combate a la delincuencia, es de lo más seguro, y no es así.
Si un simple ladroncillo o maleante de poca monta pudo burlar la seguridad del inmueble, qué puede esperarse cuando hay otro tipo de delincuencia que posee mejor armamento que las policías e incluso que las fuerzas federales.
Mal asunto.
EL RESTO.
Durante los últimos años se ha vuelto costumbre en muchos policías, “volarse” la luz roja de los semáforos. Les basta con activar torretas y sirenas, simulando una emergencia, para infringir impunemente el reglamento de Tránsito.
Para muchos podrá ser un tema menor, pero no. El día que uno de esos policías ocasione un accidente vehicular con saldo trágico nos daremos cuenta de que esa conducta merecía atención urgente.
Esperemos que piensen igual el Secretario de Seguridad Pública, Luis Felipe López Castro, y el Procurador General de Justicia, Irving Barrios Mojica, y pongan orden en sus corporaciones. Si no lo hacen, llegado el momento no podrán evadir culpas.
ASI ANDAN LAS COSAS.
[email protected]



