Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Fue Eugenio Hernández Flores quien comenzó a experimentar con los mandos militares al frente de la Secretaría de Seguridad Pública de Tamaulipas.
Al inicio de su administración gubernamental nombro para esa cargo al General, Luis Roberto Gutiérrez Flores, con fama de duro y honesto. Apenas aguanto tres meses. Se quejó de que lo dejaron solo.
Ya después, Hernández Flores decidió jugársela con civiles y asignó la responsabilidad de la Secretaría, al abogado Ives Soberón Tijerina, quien condujo la dependencia con relativa tranquilidad aunque en las calles la delincuencia comenzó a sembrar terror.
Llegó entonces al Gobierno, Egidio Torre Cantú, quien retomó la estrategia de depositar el mando de la Secretaría de Seguridad Pública en manos militares de primer nivel.
Primero le hizo el encargo al General Ubaldo Ayala Tinoco y le siguió Rafael Lomelí Martínez, quien aunque pertenecía a la Policía Federal Preventiva también traía formación castrense.
De hecho, Torre Cantú también militarizo los mandos militares en los municipios a través de Coordinaciones Regionales.
En el último tercio de su mandato, el mandatario hizo uso de otros dos Generales: Arturo Gutiérrez García y Jesús Martínez y Martínez.
El actual Gobernador panista, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, decidió colocar al frente de la Secretaría de Seguridad Pública, al Vicealmirante, proveniente de la Marina Armada de México, Luis Felipe López Castro.
A todos los une un común denominador: la incapacidad mostrada para responder a las expectativas en ellos generadas. Ninguno ha sido capaz de rendir buenas cuentas en el combate a la delincuencia.
Las estadísticas y la realidad cotidiana en las calles de las principales ciudades de Tamaulipas son prueba contundente de esa ineptitud.
Es obvio el fracaso que ha tenido la estrategia de colocar a Militares como responsables de la seguridad pública del Estado.
Cuando se decidió por designar Militares al frente de la SSP se hizo pensando que su fama de incorruptibles y su disciplina castrense serían factores determinantes para frenar a la delincuencia. Nada de eso sucedió.
Por el contrario, no solamente la violencia delincuencial ha venido escalando posiciones mayores, sino que al parejo de ello se han tejido historias de una corrupción enorme en el manejo de los presupuestos asignados a la Secretaría de Seguridad Pública.
En base a todo ello, debería ser este el momento propicio para que, desde las instancias del poder estatal y federal, se pusiera sobre la mesa un análisis que determine hasta dónde es sano y conveniente mantener o cambiar esa estrategia de la militarización.
A simple vista los hechos dicen que es el momento de reinstalar a los mandos Civiles, porque simplemente los Militares han fracasado.
EL RESTO.
Ese agazapamiento que muestran los priistas tamaulipecos en el contexto político del momento no es casual.
De acuerdo a lo que ha trascendido desde adentro del mismo PRI, se trata de una estrategia deliberada, bien planeada.
Es parte de la construcción de un plan que tiene como objetivo dar un zarpazo electoral en el 2018, que permitiría al PRI recuperar muchas de las alcaldías perdidas el cinco de junio del 2016.
Eso dicen los priistas.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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