Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
¿Usted imagina lo que hubiera sido de nosotros, como sociedad, sin el apoyo del Ejército en las calles? Frente a la terrible situación de inseguridad pública que envuelve a la mayor parte del país, no es difícil suponer la situación que estaríamos viviendo.
Con corporaciones policiacas diezmadas por los procesos de depuración y por el fracaso del reclutamiento de nuevos agentes, a lo cual se suma el descrédito social que padecen producto de la corrupción que han arrastrado durante décadas, indudablemente que como sociedad tenemos mucho que agradecerle al Ejército.
Es cierto, hoy estamos inmersos en una espiral de violencia terrible, pero le aseguro que podríamos estar mucho peor si no fuera por el Ejército Mexicano.
Por eso, lo menos que podemos darle a los soldados es un “gracias”.
Le hablo de ello porque, éste domingo reciente, 19 de febrero, se celebró el Día del Ejército y las Fuerzas Armadas, y el mejor regalo que como ciudadanos debemos darle a quienes integran a esa institución, es el agradecimiento por todo lo que han hecho por nosotros.
Lo invito a que se dé el tiempo suficiente para cada que se encuentre a un militar, le exprese ese “gracias” que se merece.
Con mucho, son los militares los únicos que siguen infundiéndonos confianza. Son los únicos con quienes nos sentimos seguros cuando los vemos cerca de nuestro entorno, y seguramente son los primeros con quienes correríamos a solicitar auxilio en un caso de emergencia delincuencial.
Siento que no hemos valorado en su verdadera magnitud lo que representa el Ejército en tiempos tan convulsionados como los que vivimos. De ahí la importancia de hacer conciencia en lo vital de su tarea para una sociedad como la nuestra.
La necesidad de valorar y reconocer socialmente a los Militares es, incluso, urgente porque existe sobre la mesa la posibilidad de que, en menos de un año, el Gobierno federal los regrese a los cuarteles. Por lo menos eso anunció el Secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong.
La sola idea de que eso suceda, de que los militares dejen de patrullar las calles, nos asusta. Si con todo y su presencia la violencia delincuencial sigue “bañando de sangre” el territorio nacional, no quiero imaginar lo que sucedería si el Gobierno deja solas a las policías.
EL RESTO.
EL SISTEMA de Justicia Penal Acusatorio en Tamaulipas sigue en caída libre hacia un inminente fracaso.
Por lo menos en el terreno de la Procuraduría General de Justicia del Estado ,(PGJE), el rezago de carpetas de investigación cada vez es más grande, echando por el borde aquello de que bajo ese modelo procesal los delitos se resolverían a rajatabla.
Son muchas las causas que propician ese “tortuguismo”, pero una de ellas, en mi opinión la que más daño está causando, es haber colocado al frente del sistema acusatorio a personajes que poco o nada conocen del tema.
Tan grave está la situación que si no se diseña una estrategia para resolverla, muy pronto Tamaulipas comenzara a recibir “jalones de oreja” desde las instancias federales.
El asunto no está tan complicado, dicen, lo único que se requiere son ganas y experiencia.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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