Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
El diputado del PRI, Rafael González Benavides, fue el único de los siete integrantes de la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior del Estado, que voto en contra de la propuesta de designación del Ingeniero Mecánico Electricista, Jorge Espino Ascanio, como cuidador de los dineros públicos en Tamaulipas.
Aunque tuvo la precaución de precisar que su voto era a título personal, queda claro que el matamorense representa, dentro de esa Comisión legislativa, la postura de su bancada, por lo que debe entenderse que el rechazo al nombramiento de Espino como Auditor Superior del Estado es de su partido y no solo el suyo.
Pero más allá de si Benavides voto en lo personal o representando a su grupo parlamentario, lo que llama la atención es el argumento utilizado para sustentar ese rechazo a la propuesta de designación del profesionista michoacano, radicado en Reynosa.
Palabras más o palabras menos, el también exdirigente estatal del PRI, puso como pretexto para descalificar la propuesta que, el evaluado debió acudir personalmente ante la Comisión legislativa para tratar de convencerlos de que es la mejor opción para el cargo de Auditor Superior del Estado.
“Evaluar a alguien que está ausente es muy frío. Discúlpenme pero no puedo dar mi voto a favor de una persona que no estoy viendo” dijo el priista.
El argumento de González Benavides da la impresión de que le indicaron votar en contra de la propuesta de Ascanio, pero no le dieron los elementos para fundamentar su postura y ante ello echó mano de lo primero que se le ocurrió.
El hecho deja mal parado al diputado porque, habiendo siendo Magistrado presidente del Poder Judicial del Estado uno supondría que debe ser un experto en el conocimiento de las leyes y en la argumentación jurídica.
Pero no. González Benavides se dejó ver como un novato , no solo del procedimiento legislativo sino también de la técnica jurídica. Tan fácil que le hubiera resultado hurgar tantito en la Ley sobre la Organización y Funcionamiento Internos del Congreso del Estado.
Si se hubiera dado esos minutos para construir la fundamentación de su voto en contra, habría sabido que el procedimiento para elegir a los funcionarios del Congreso del Estado, en este caso el Auditor, no es el mismo para nombrar o ratificar a Magistrados del Supremo Tribunal de Justicia; al Contralor General del Instituto Electoral de Tamaulipas; al titular de la Presidencia y a los integrantes del Consejo Consultivo de la Comisión de Derechos Humanos de Tamaulipas; a los Comisionados del Instituto de Transparencia y Acceso a la Información de Tamaulipas, y al Procurador General de Justicia.
En todos esos casos, dice la ley interna del Congreso, en sus numerales 133 y 134 , los profesionistas propuestos deberán acudir a una reunión de trabajo con los diputados para exponer , por escrito y en persona, las razones por las que buscan la designación.
Sin embargo, en esta hipótesis no se encuentra el Auditor Superior del Estado. El procedimiento de designación es completamente distinto al de aquellos por lo que su asistencia ante los diputados no está prevista en la ley.
El legislador priista no sabía eso. Por eso incluso pretextaba una especie de “todos coludos o todos rabones”, cuando reclamo porque el ahora Procurador General de Justicia del Estado, Irving Barrios Mujica, si acudió a platicar con ellos y Espino no.
Habrá que ver la postura del resto de los diputados priistas cuando el dictamen de designación de Espino Ascanio sea llevado ante el Pleno Legislativo, hoy jueves.
Pero si van a mantener el voto negativo definitivamente deberán encontrar otro argumento, más aceptable y lógico, (que los hay, y muchos), para descalificar al michoacano.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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