Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Fieles al viejo dicho popular aquel de, “Después del niño ahogado el pozo tapado”, los mexicanos nos hemos acostumbrado a reaccionar frente a los problemas sociales solo cuando ya tenemos la tragedia encima.
Así ha sido la cultura de nuestro país. Hasta que no nos vemos de cara con la desgracia nos andamos apresurando a adoptar medidas para que los hechos no se repitan.
Eso es lo que sucede ahora con el drama que viven varias familias del Colegio Americano del Noreste en Monterrey, donde un alumno disparo contra su maestra y varios compañeros para luego suicidarse.
Tan pronto y se difundió la historia trágica que nos cimbró a todos, comenzaron a surgir por donde quiera los repartos de culpa y los reclamos de reforzar la seguridad en las escuelas.
Gobernadores, alcaldes, legisladores y representantes de padres de familia, entre muchos actores sociales más, se dieron prisa para salir a abogar por implementar mecanismos que eviten la repetición de la tragedia regia.
Y uno se pregunta: ¿Por qué tiene que ser siempre así? ¿Por qué hasta que el niño se ahoga andamos tapando el pozo?.
Le diré mi respuesta: porque como sociedad hemos despreciado la prevención. Somos una sociedad reactiva y no preventiva. No hemos sido capaces de educarnos para prevenir los accidentes, o los crímenes como el que hoy nos tiene lamentándonos.
Pero también ha sido así, de tapar el pozo hasta que el niño se ahogó, porque los Gobiernos en general han sido incapaces de impulsar esa cultura de la prevención.
En Tamaulipas, por ejemplo, las autoridades, los maestros, las asociaciones de padres de familia, llevan años hablando del alarmante avance que registra la violencia escolar a través de diversas manifestaciones como el bullying, pero todos han sido incapaces de diseñar políticas públicas que erradiquen o al menos disminuyan el problema.
Tampoco hemos sido capaces, ni padres de familia ni autoridades, de diseñar algún mecanismo que nos permita controlar el uso del internet por parte de nuestros hijos, a pesar de que sabemos muy bien lo peligroso que se han tornado las redes sociales.
Nos ha valido una de chile y otra de sal la adicción cibernética que, como pandemia, mantiene sodomizada a nuestra niñez y juventud.
Ahora, tras lo ocurrido en Monterrey, le puedo asegurar que habrá un nuevo reforzamiento de las medidas de seguridad en las escuelas y se hará un enésimo llamado para ejercer control en el uso de las redes sociales por parte de nuestros hijos.
A los niños les revisaran hasta el lugar más recóndito para asegurarse de que no llevan alguna arma o drogas.
Pero superado el escándalo y ese sentimiento de indignación y lamento que nos invade nos volveremos a olvidar de esa urgencia de fortalecer la prevención, y solo reaccionaremos hasta que otro niño se ahogue y pretendamos tapar el pozo.
Debo decir que mucha culpa la tenemos también los padres de familia porque cuando las autoridades han querido implementar programas como el de la “Operación Mochila”, nos indignamos y rasgamos las vestiduras argumentando violación a derechos humanos.
Luego entonces, ya va siendo tiempo de que cada quien asuma su responsabilidad: el Gobierno haciendo valer la ley y fortaleciendo la prevención para garantizar la seguridad en las escuelas, y los padres de familia apoyando las acciones de la autoridad.
Olvidémonos todos de andar tapando pozos cuando ya los niños se ahogaron.
¿No cree usted?.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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