Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
La complicidad de servidores públicos con el crimen organizado tiene dos razones: una, el dinero, y dos, el miedo. Ese vínculo indeseable entre el poder público y el crimen organizado se ha sostenido durante décadas, y se sigue sosteniendo, bajo la ley de “plata o plomo”.
Al amparo de esa alianza inmoral o ilícita, ya sea por plata o plomo, la delincuencia ha logrado someter, durante décadas, a las instituciones encargadas de combatirla, y por supuesto a muchos Presidentes Municipales y Gobernadores.
Le hablo de ello por la reciente advertencia que el Gobernador, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, les acaba de hacer a los alcaldes tamaulipecos.
Frente al féretro de cuatro funcionarios de la Procuraduría General de Justicia del Estado, (PGJE), abatidos precisamente por el crimen organizado en Nuevo Laredo, la noche del pasado miércoles, el mandatario les dejó un mensaje contundente.
“Confío también en la responsabilidad y honestidad de los Gobiernos municipales para sumarse al combate de la delincuencia, pero advierto claramente que los que no lo hagan y se alíen con la delincuencia, que deberán atenerse a las consecuencias de su traición a la confianza de los tamaulipecos. No más simulaciones, no más complicidades” sentenció el mandatario.
La pregunta es : ¿tienen realmente capacidad los alcaldes de combatir la delincuencia en sus municipios ?.
Dudo mucho que así sea. Imposible , por ejemplo, exigirles a alcaldes de municipios fronterizos como Río Bravo, Camargo, Díaz Ordaz, Miguel Alemán y Mier, que hagan un combate frontal a los grupos delincuenciales.
¿Cuánto tiempo cree usted que durarían vivos aquellos que así lo hagan? Por eso no lo hacen, porque saben que no amanecerían vivos.
No estamos tratando de defender a los Presidentes Municipales. Es simplemente ver las cosas con sentido común.
Está claro que el único con capacidad real para enfrentar a la delincuencia organizada es el Gobierno federal, porque ni siquiera los Estados tienen ese poder que se requiere para combatir a un enemigo que lo rebasa en recursos humanos y equipamiento.
Es precisamente esa incapacidad de los Gobiernos municipales y estatales la que explica el fracaso de la lucha contra la delincuencia.
Una incapacidad que, como le decía, tiene un origen en el miedo más que en el dinero.
Le aseguro que sobrarían Presidentes Municipales que, si pudieran, dirían “no” a cualquier tentación económica, pero dudo que haya muchos que puedan resistir una amenaza de muerte.
EL RESTO.
Los servicios públicos en la capital del Estado siguen siendo un desastre.
La mayoría de las calles están convertidas en basureros públicos porque el Ayuntamiento ha sido incapaz de atender la recolección de los desechos sólidos.
El pretexto de la autoridad municipal es la carencia de recursos presupuestales.
Esperemos que tan pronto lleguen los dineros públicos las cosas cambien.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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