Ahora sí se puede afirmar: “Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, puesto que todavía no inicia la administración de Donald Trump y ya el presidente de la compañía automotriz Ford, Bill Ford Jr. anunció ayer la cancelación de la construcción de una nueva planta en San Luis Potosí, en donde se realizaría una inversión de 1,600 millones de dólares.
La frase que se le acredita al general Porfirio Díaz Mori, pero que en realidad fue escrita por Nemesio García Naranjo, intelectual regiomontano, periodista, diputado federal, director del periódico la Tribuna y colaborador del semanario Siempre, convierte en realidad la pesadilla que se espera vivir cuando Donald Trump tomé protesta como presidente número 45 de los Estados Unidos a partir del próximo 20 de enero.
El presidente de la Ford reveló que luego de platicar con el actual presidente electo de los Estados Unidos decidió cambiar los planes de expansión que tenía en México y ahora el proyecto se realizará en Michigan.
Aunque Bill Ford Jr. se comprometió a pagar los gastos que hizo el gobierno de San Luis Potosí, no hay duda de que es un duro golpe a la economía potosina porque se frenan de inmediato la instalación de otras empresas que surtirían de insumos a la nueva planta automotriz, como es el caso de fábricas de arneses y embalajes, entre otras.
No debemos olvidar que Donald Trump tomó como bandera política precisamente que se opondría a que más empresas norteamericanas cerraran sus plantas para trasladarse a otros países, como es el caso de México.
Además de la Ford, el presidente electo de los Estados Unidos amenazó con imponer un “gran impuesto fronterizo” a la empresa automotriz General Motors por fabricar el modelo Chevy Cruze en nuestro país.
Aunque los ejecutivos de la General Motors han señalado que este modelo no se vende en los Estados Unidos, el sucesor de Barack Obama afirma que la compañía automotriz no paga ningún impuesto al vender este modelo a lo largo y ancho de la unión americana.
Como se lo dije en un principio estimado lector, todavía no empieza la administración de Donald Trump y desde ya amenaza con destruir la industria automotriz en nuestro país, cuya rama productiva se había convertido en uno de los principales puntuales de la economía de México.
El efecto será devastador, como se pudo ver ayer que luego del anuncio de la cancelación de la construcción de la nueva planta en San Luis Potosí se devaluó más el peso ante el dólar al romper la barrera de los 21 pesos con 40 centavos.
Es por eso que resulta válido afirmar: “Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.
En otro tema se vital importancia, el director general del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Julio Santaella Castell, tendrá la oportunidad de reivindicarse ante la sociedad mexicana cuando dé a conocer el próximo 24 de enero la inflación registrada durante la primera quincena de enero del 2017.
Como se recordará, Santaella Castell salió muy mal librado cuando se enfrasco el año pasado en una disputa con el director general del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (CONEVAL), Gonzalo Hernández Licona, en torno a los cálculos sobre la pobreza en México.
Las cifras del INEGI decían que había disminuido la pobreza en nuestro país, cuando el CONEVAL señalaba que no era cierto, incluso se había registrado un retroceso en el poder adquisitivo de la población y por consecuencia había más pobreza en nuestro país.
Ahora tiene la oportunidad de dar cifras creíbles y ciertas en torno a la galopante inflación que se registra con el alza de las gasolinas y el diésel desde el primer minuto del pasado 1° de enero del 2017, además del aumento de las tarifas eléctricas, entre otros incrementos.
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